La luna, esta noche
como una lápida
sobre nuestras cabezas
Me acordé de estos versos, de hace muchos, muchos años, una noche de verano como esta, de duelo ajeno también, de calor irrespirable.
1 de febrero de 2013
26 de enero de 2013
El libro del año
En marzo de 2012 me compré este libro que fue, para mí, el libro del año.
En primer lugar, porque fue el único libro de este porte que leí. (Otro de un porte análogo, escribí).
Los únicos momentos apropiados para concentrarme y leer algo que no estuviera estrictamente vinculado al trabajo los podía encontrar en la cama, generalmente pasada la medianoche, hasta que me quedaba profundamente dormida. Muchas veces tenía que remontarme una dos páginas previas a la que indicaba mi señalador para poder retomar el hilo de la argumentación y seguir leyendo.
Subrayé muchisimos datos, hice gran cantidad de anotaciones, es más, creo que de algún modo terminé confeccionando eso que los libros de edición argentina no suelen tener y que es muy útil, que es un índice de nombres.
Silvestri se hubiera merecido un editor profesional, de calidad, y no este sello Edhasa, que mandó a la imprenta un texto lleno de erratas, pequeños lapsus sintácticos, palabras italianas sistemáticamente mal escritas, y párrafos que muestran que el original probablemente estuvo escrito en inglés y que fue traducidos con apuro.
Porque este libro es realmente FORMIDABLE, no solamente por la envergadura de la investigación sino sobre todo por el enfoque con que revisa la historia de la ocupación del territorio argentino y la imaginación (de origen literario) que sobre esos paisajes configura absolutamente toda nuestra percepción del "paisaje".
Varias veces me tenté de dejarlo, de leer entre tanto otras cosas. Pero no, acá estoy, en Pehuen-Có, releyéndolo de nuevo, asombrándome de cosas que se ve que medio dormida me saltée, o a las que no presté suficiente atención cuando lo leí.
Y no dejo de felicitarme una y otra vez por haberlo traído conmigo.
Y no dejo de felicitarme una y otra vez por haberlo traído conmigo.
21 de enero de 2013
Programa de verano
Un lugar de mar, al que vengo desde que nací.
Hace poco tiempo me regalaron una copia del acta de fundación de esta villa.
Todavía no la leí,sólo sé por ahora que en mi infancia este lugar era aún bastante nuevo (y tengo solo 47), y los amigos que en esa época nos invitaban eran hijos de uno de los "fundadores".
Pero ahora que , después de un año de intensa lectura, logré terminar el libro de Graciela Silvestri, El lugar común, Edhasa, Bs As, 2011, creo que tengo la motivación - y un par de ideas inspiradoras e interesantes suficientes como para volver a mirar de nuevo toda la serie de casas (las casas "típicas" de este lugar) que fotografié el año pasado.
Estos lugares con un cierto pasado son para mi los mas confortables,
14 de enero de 2013
Valla
Nuestro paseo de domingo nos llevó hoy hasta lo alto de la loma en Villa Cerrito, a la plaza desde donde se puede ver toda, toda la ciudad: el casco céntrico, a la derecha con sus altos edificios, a la izquierda sobre la línea del horizonte las chimeneas borrosas -era una tarde nublada- del polo petroquímico y los elevadores de cereal del puerto, y entre medio los innumerables techos de innumerables casas de barrios y más barrios; la torre cercana del Hospital Penna; y árboles, muchos más arboles de lo que uno supondría en este borde áspero del mundo.
La vista panorámica -tópico evangélico- pareciera otorgarle a uno, a quien mira, un cierto poder. Pero era doloroso hoy poseer esta ciudad en nuestros ojos porque en línea recta y perpendicular a la costa, varias cuadras más abajo, una valla entre medio de una de esas arboledas fue erguida ayer violentamente en un barrio social aun sin terminar con personas adentro, y cortada el agua y la luz y la entrada; y una enorme ciudad a su derecha, blanca, ajena, con tanta gente juzgando miserablemente, y otra tanta callando.
Esta foto fue tomada ayer al mediodía, ahí en Villa Delfina:
Foto: FM de la Calle
Es impresionante, y terrible, conmovedora. En la larga serie de comentarios que la acompañan en Facebook hay variadas conjeturas sobre la madre, el padre, el bebé: que si lo usan de escudo al nene, que por qué no está con la madre, que qué hace el padre ahi en lugar de estar trabajando; incluso hay alguno que sugiere que están posando, estas personas, para el fotógrafo. Copio este comentario de Noelia Sollivan (alguien que parece que conoce a estas personas): "eso fue antes de que permitieran ingresar cosas, cuando nos habian cortado el agua y la luz, el bebe ese no tenia pañales y ropa, la mamá fue a buscar cosas y cuando quiso entrar no dejaban; no usa a su hijo el papa trabaja no hablen si no saben todo el mundo opina sin saber".
13 de enero de 2013
Otra cara en calle Saavedra al 500
Otra carita en el frente de una casa en Saavedra 570.
Es muy pequeña, casi no se ve sobre el par de altas ventanas.
Seguramente, como corresponde a este tipo de construcciones pareadas, también la casa de la derecha -simétrica, como puede observarse - debe haber tenido sus flores, sus hojas de laurel, sus rosas, su escudo estilizado, sus dos enormes ventanas, y por supuesto la carita.
En algún momento estos elementos ornamentales perdieron absolutamente su valor y su prestigio, en esta ciudad, y muchísimas construcciones se beneficiaron de una simplificación cuyas terminaciones fueron parches de ladrillo y cemento, cortinas de enrollar, puertas metálicas.
Tengo la impresión de que recién ahora este tipo de edificación vuelve a ser objeto de interés. Y especialmente estos rostros. Enhorabuena.
No para conservar los edificios por sí mismos. Una cosa sabemos con total certeza: esas casas son absolutamente inhabitables a causa de la altura de los techos, la estrechez de las ventanas, la humedad nunca resuelta, y la falta (o precariedad) de baños, incluso -no olvidemos que estas casas tienen cien años, por lo menos. Y muchas veces esas molduras están tan deterioradas que se vuelven peligrosas.
Antes de que desaparezcan me encantaría saber más sobre ellas y sobre quienes las hacían, y quienes encargaban la construcción de esas casas.
Se ve que el mismo molde fue usado más de una vez, dos por lo menos, una en Ing. White, en Guillermo Torres al 3700, y otra en la calle 25 de mayo entre Brown y Chiclana. La de White está datada, 1904. Podemos suponer que estas otras, entonces son de esos mismos años (y tal vez del mismo escultor).
10 de enero de 2013
Grupa
Se ve que soy muy pesada, con dificultades para ver el verdadero "cómo son las cosas".
Permanezco aferrada al suelo, a mis cosas pequeñas, a mis pequeños mundos, anclada -pareciera- a mis infinitos momentos de placer y recogimiento, mientras algunos amigos de otras épocas - no todos: los más inteligentes, y también los más astutos, los más pragmáticos - han sabido encaramarse con ligereza a la vertiginosa grupa de la política, habiendo hecho pie, al inicio, justamente, en algunos de esos pequeños y maravillosos mundos, pero dejándolos ahora lejos, muy lejos, moviéndose con destreza donde -parece- , está realmente "la verdad de las cosas", mirando hacia arriba, arriba, arriba...
Yo, se ve que padezco alguna incapacidad grave. Ellos ganan sueldos, posiciones, prestigio y poder. Yo sigo aferrada a la tierra: a la conversación atenta, a la bebida que se comparte, a la palabra que no se traiciona, a lo que pienso y creo, y también, a los versos suaves, a las ráfagas del viento al anochecer, a la rápida ondulación de la espuma de una ola escurriéndose por entre los dedos de mis pies.
6 de enero de 2013
Belle Époque contadina
(Publiqué este post por primera vez en mayo de 2010, agregué la traducción en octubre de 2010; y el 4 de septiembre de 2011, cuando di en la Dante Alighieri la conferencia: La lingua del Giretti: idioma inmigración y trabajo en Bahia Blanca a principios de siglo XX , la Serenata Rimpianto fue interpretaeda por Waldo Graf, Hernan Rolls y Luz Gorjón. Hoy Beppino, Sansoni me acaba de contar que (su abuelo, mi bisabuelo), el padre de Emma fue uno de los primeros de su pueblo en poseer un aparto de radio. Voilà!)
Enrico Toselli, florentino, compuso la Serenata -su obra más famosa- cuando tenía diecisiete años, en 1900 y se hizo muy conocida inmediatamente, al ser cantada y grabada por cantantes como Beniamino Gigli y Caruso. Entre 1897 y 1907 hizo más de cincuenta presentaciones no solamente en Italia sino también en Inglaterra, Estados Unidos y Egipto, y compuso una gran cantidad de piezas musicales. En 1907 se casó con la princesa;Luisa de Hasburgo-Lorena, una mujer veintitrés años mayor que él, que dejó justamente por él a su noble marido pero que, a causa del escándalo, le arruinó para siempre la carrera musical. Al final la princesa lo dejó, él compuso todavía algo más, llegó incluso a casarse de nuevo, pero murió casi olvidado en 1926.
Olvidado él, pero no su Serenata.
Emma Battaia, mi abuela, llega a Bahía Blanca en enero de 1927, a los veinte años.
Mientras trabaja canta: el Va pensiero, La Pulpera de Santa Lucía, y la Serenata de Toselli, me cuenta mi madre, la serenata de Toselli, música que conocían y cantaban todos, en esos años. Ahora me acabo de enterar que el padre de Emma, Luigi Battaia fue uno de los primeros en su pueblo en poseer un aparato de radio en ese pueblo de montaña, allá, en las montañas del Trentino, en el norte de Italia
Esto trajo también: esa música de moda, esas historias de amor escandalosas, ese italiano pretensiosamente poético y refinado de la letra de la Serenata.
Beniamino Gigli canta la Serenata Toselli
Come un sogno d'or
scolpito è nel core
Il ricordo ancor' di quell'amor
che non esiste più
Fu la sua vision
qual dolce sorriso
che più lieta fa,
col suo brillar, la nostra gioventù
Ma fu molto breve in me
la dolcezza di quel ben svani
quel bel sogno d'or
lasciando in me il dolor.
Cupo è l'avvenir sempre più tristi
i di la gioventù passata
sarà rimpianto
mi resta sol
sì rimpianto amaro e duol' nel cor!
Oh raggio di sole
Sul mio cammino ahimè non brilli più
Mai più, mai più
Como un sueño de oro
está grabado en el corazón
el recuerdo de aquel amor
que ya no existe más
Esa visión fue
como una dulce sonrisa
que hace más feliz
con su brillo nuestra juventud
Pero fue muy breve en mí
la dulzura de esa felicidad, desapareció
ese hermoso sueño de oro
dejando en mí el dolor.
Oscuro es el futuro siempre más tristes
los días, la juventud pasada
lamento,
solo me queda tanto
lamento amargo y dolor en el corazón
Oh rayo de sol
en mi camino ya no brillas más
nunca más, nunca más.
(
(
3 de enero de 2013
La infancia y la muerte
Acabo de compartir este artículo en Facebook No hay infancia sin secretos, ¿Por qué a muchos chicos se les ocurre jugar con la temática de la muerte?, publicado hoy en Pagina 12. Con justa razón, probablemente la mayor parte de mis contactos piense que esto me interesa porque es verdad, muchas veces Nina (5 años) juega exactamente a eso, pregunta, hace comentarios.
Pero no es solamente por eso que me interesó y me impactó ese texto.
La muerte era eso -cuando era chica- que no se podía decir "ni en chiste". No se podía hablar de ella, ni siquiera jugando. Sin embargo una de las pocas cicatrices que aún tengo en mi cuerpo es de un corte que me hice, a los tres años, con un pedazo de vidrio roto en el cementerio, correteando por entre desparejos y llenos de maleza senderitos mientras mi mamá cambiaba -como puntutalmente hacía una vez por semana, y siempre con nosotras- las flores en la tumba de su madre, fallecida exactamente quince días antes de que yo naciera.
A veces no se podía llegar con el auto, y entones mientras caminábamos, íbamos leyendo juntas las lápidas, calculábamos cuántos años tenía la persona fallecida, qué joven, qué viejo, pobre, pobres los hijos, pobre la madre, pobres los padres, qué tristeza, qué trágico, a nosotros no nos va a pasar así, ¿y qué pasa con los cuerpos que están ahí adentro?, hay que volver a la tierra. Sin embargo, en sus palabras, los cuerpos, a pesar del paso de los años permanecían en un proceso de corrupción y liquefacción constante, muertos cuya muerte no llegaba nunca a ser definitiva y completa, cuerpos con una cierta vida aún presente que parecía querer seducirnos y de la que huíamos verbalmente todo el tiempo, declarándonos inmunes a ella, ajenas a ese poder que justamente por impronunciado e innombrado se volvía incomensurable y aterrador.
He llorado más intensamente la muerte de mi madre durante mi infancia (previéndola, vivivenciándola, apropiándome de un terror que no era mío sino ajeno -de ella-, un terror que no podía ser elaborado más que a través de la oculta fantasía y el inexplicado llanto), que ahora, que falleció efectivamente.
Vaya a saber cuál fue la causa de esa imposibilidad, de ella, de apropiarse y asumir la muerte como parte de la vida. Solo puedo hacer conjeturas: que sus padres inmigrantes, ninguno de ellos vio morir a sus padres, ni tuvo que lidiar con sus cuerpos, ni con sus tumbas, ni con las preguntas de sus hijos sobre el tema. Quién sabe si por algo así, para ella, mi madre, el tema de la muerte - una muerte oscura, sin esperanza, ni resignación, ni olvido- era eso "de lo que no hay que hablar", pero de lo que se estaba hablando, todo el tiempo.
Pero no es solamente por eso que me interesó y me impactó ese texto.
La muerte era eso -cuando era chica- que no se podía decir "ni en chiste". No se podía hablar de ella, ni siquiera jugando. Sin embargo una de las pocas cicatrices que aún tengo en mi cuerpo es de un corte que me hice, a los tres años, con un pedazo de vidrio roto en el cementerio, correteando por entre desparejos y llenos de maleza senderitos mientras mi mamá cambiaba -como puntutalmente hacía una vez por semana, y siempre con nosotras- las flores en la tumba de su madre, fallecida exactamente quince días antes de que yo naciera.
A veces no se podía llegar con el auto, y entones mientras caminábamos, íbamos leyendo juntas las lápidas, calculábamos cuántos años tenía la persona fallecida, qué joven, qué viejo, pobre, pobres los hijos, pobre la madre, pobres los padres, qué tristeza, qué trágico, a nosotros no nos va a pasar así, ¿y qué pasa con los cuerpos que están ahí adentro?, hay que volver a la tierra. Sin embargo, en sus palabras, los cuerpos, a pesar del paso de los años permanecían en un proceso de corrupción y liquefacción constante, muertos cuya muerte no llegaba nunca a ser definitiva y completa, cuerpos con una cierta vida aún presente que parecía querer seducirnos y de la que huíamos verbalmente todo el tiempo, declarándonos inmunes a ella, ajenas a ese poder que justamente por impronunciado e innombrado se volvía incomensurable y aterrador.
He llorado más intensamente la muerte de mi madre durante mi infancia (previéndola, vivivenciándola, apropiándome de un terror que no era mío sino ajeno -de ella-, un terror que no podía ser elaborado más que a través de la oculta fantasía y el inexplicado llanto), que ahora, que falleció efectivamente.
Vaya a saber cuál fue la causa de esa imposibilidad, de ella, de apropiarse y asumir la muerte como parte de la vida. Solo puedo hacer conjeturas: que sus padres inmigrantes, ninguno de ellos vio morir a sus padres, ni tuvo que lidiar con sus cuerpos, ni con sus tumbas, ni con las preguntas de sus hijos sobre el tema. Quién sabe si por algo así, para ella, mi madre, el tema de la muerte - una muerte oscura, sin esperanza, ni resignación, ni olvido- era eso "de lo que no hay que hablar", pero de lo que se estaba hablando, todo el tiempo.
2 de enero de 2013
Los primeros éxitos de la pequeña cocinera
He aquí el libro que podría tal vez, explicarlo todo: La cocina maravillosa y divertida, de Lise Marin, Sigmar, 1972.
Probablemente llegó de regalo (mi madre jamas nos habría comprado un libro de cocina) uno o dos años después. Y por supuesto, todo eso que parecía ahi tan bonito y tan fácil, todo eso queríamos hacer con mi hermana, y que nos quede igual: así las salchichas, y los huevos chinos, y los pollitos. Cuando reaparecía este libro por entre la inmensa cantidad de libros de cuentos que había dando vueltas, hacíamos listas de ingredientes, meditábamos los procedimientos con gran cuidado y hasta alguna vez llegamos a amenazar con ocupar la cocina y pasar a la acción directa.
Creo que alguna vez intentamos hacer la receta de las papas que parecen muñequitas rusas: según dice ahi, hay que cocinar las papas con cáscara al horno, durante una hora, quitarles la tapa de arriba, vaciarlas, mezclar eso que acabamos de retirar con queso rallado, manteca y sal, volver a rellenar las papas; hacer caritas, cabello y volver al horno diez minutos antes de servir. ¿Habremos logrado "vaciar" las papas sin que se rompan y se deshagan todas? ¿Habrá terminado todo en un puré -imperfecto: no olvidar que se trata de papas con cáscara...? Si hubieramos logrado hacer esas caritas, habríamos tenido coraje para comerlas?
No puedo precisar si el sabor que recuerdo es de algo que realmente comí.
Después se nos pasó y el libro desapareció oportunamenteen algun recóndito estante del galpón.
Ahora observo que el original era francés, había sido publicado un año antes, en 1971 y que la autora
Lise Marin más que cocinera, era una brillante y destacada ilustradora para niños de origen rumano radicada en Francia: por eso muchos ingredientes eran imposibles de hallar; y por eso muchas de las recetas son, mas que de cocina, de ornamentación.
Quien sabe, de todos modos, si no voy a probar alguna...
30 de diciembre de 2012
Cara de piedra en la calle Moreno (y algunas reflexiones socráticometodólogicas sobre la cuestión)
A pocos metros de mi casa, en calle Moreno al 500.
Debe tener por lo menos cien años.
Me tendría que conseguir una camioneta, una escalera hidráulica como las de los bomberos para poder mirarlas de frente.
Aunque, en realidad, si las pusieron a esa altura es para que las miremos así, desde abajo.
Es curioso: por más que quiero sigo sin saber nada sobre ellas.
No tengo por ahora la posibilidad concreta -por razones laborales- de investigar a fondo como debería el tema (ir a catastro a ver los nombres de los primeros dueños, comitentes, contratos, etc; ir al diario, revistas y publicaciones locales; revisar cuidadosamente otras investigaciones que se hayan hecho sobre estos temas, etc).
Tengo los nombres de un par de escultores, pero estas caritas que estoy catalogando fueron hechas seguramente, por lo menos veinte o treinta años antes. Sabemos también que hacia 1910 quienes decoraban sus fachadas quedaban eximidos de pagar impustos, justamente porque según parece el aspecto de la ciudad en esos años era bastante desagradable.
Apenas puedo especular sobre el uso de moldes, materiales (¿yeso? ¿estuco? ¿cartón piedra?) y técnicas de montaje y acabado utilizados acá, y las posibles "interpretaciones" que pienso siguen siendo deducciones a partir de generalizaciones referidas a otras ciudades, otros países, incluso otras épocas, o aventuradas conexiones entre las cosas que sabemos sobre fines de siglo XIX (crecimiento económico vertiginoso, inmigrantes -y en seguida se piensa en italianos-, el gusto por la ostentación de una pequeñísima burguesía que logra hacer bellas sus casas solo por fuera), y esta serie de fotos.
Y quien conozca el centro de la ciudad de Bahia Blanca y mire mis fotografías advertirá que en esta serie no están las caras ni las esculturas ni los atlantes más conspicuos: ni los de la Municipalidad, ni los del Banco Provincia (viejo), ni los del Banco Nación, ni los de La Nueva Provincia, ni los de la Escuela 2 ni los de la Biblioteca Rivadavia. Son (salvo los de la municipalidad) mucho más recientes, son edificios que se daba por descontado que habrían de contar con una ornamentación abundante, edificios de instituciones poderosas que manifiestan su poder con esas figuras ciclópeas. Presupongo (pero insisto, es solo una suposición) que esas obras deben haber sido hechas fuera de la ciudad, incluso fuera del país.
Tampoco -por ahora, al menos- se me ha dado por sacar fotos en el cementerio. De estas esculturas hay abundancia, también. Pero no.
A mí me interesan las caritas que están en las fachadas de casas particulares, modestas dentro de su pretensiosidad; y no sé si me interesan porque pueden llegar a parecer "bellas" (en esos años -fines siglo XIX-ppios XX era una moda sacar fotos o hacer mascarillas mortuorias -pero ignoro si acá en Bahia Blanca eso se hacía); me parece que no son tanto lo sueños o las fantasías ornamentales de las instituciones lo que me llama la atención, sino más bien el afán -pero siempre limitado- de suntuosidad de la petit bourgeoisie local, y la habilidad de quienes hacían esas caritas -adocenadas, acá, y sus talleres, y sus casas que probablmente eran casas chorizo, o de esas que se hacian (pieza-cocina-baño).
Esto que escribí antes es todo lo que sé sobre esta cuestión (que es bien poco, en verdad).Seguiremos buscando.
Aunque eso lleve un largo tiempo.
Soy constante, y no tengo apuro.
29 de diciembre de 2012
Felicidades
" .... las reflexiones de Bertrand Russell sobre “la conquista de la felicidad”. Tal como lo sugiere el nombre del ensayo, la felicidad es ubicada no en el número de la lotería que quizá salga pero probablemente no, sino en un lugar interno o externo, pero conquistable. Russell escribió ese ensayo para un tipo de lector un poco abstracto, con sus necesidades básicas satisfechas y sin grandes problemas personales. Para gente que al menos podría estar disfrutando de la felicidad de no tener grandes problemas personales y, sin embargo, es infeliz. Hemos construido un tipo de sociedades en las que las personas no cultivan lo que las hace felices, porque lo que predomina en ellas es una tendencia voraz hacia el aburrimiento. “Hoy nos aburrimos mucho menos que nuestros antepasados, pero tenemos mucho más miedo de aburrirnos.” El tedio amenaza en las sombras con su tipo especialísimo de inseguridad; del tedio nacen muchas desgracias. La felicidad es, por el contrario, la forma perfecta del entretenimiento. Lo escribió Pessoa: “Sentir es estar distraído”.
...
El método que encontró Russell a lo largo de su vida fue el darse cada vez menos importancia, y lo explicó contando cómo superó su juvenil y atenazante miedo de hablar en público. Comenzó a advertir que cuando hablaba muy bien y cuando hablaba muy mal, los resultados no diferían demasiado. Descubrió que era él su testigo y su juez más despiadado. Cuando dejó de estar pendiente de él mismo, se distrajo.
...
Así, la felicidad asoma como el resultado de un entretenimiento natural, social, de unos con otros, y en el plano lógico de Russell, como el fruto de un corrimiento necesario: el del ego. 'El ego de una persona es una parte insignificante del mundo. El hombre capaz de centrar sus pensamientos y esperanzas en algo que lo trascienda puede encontrar cierta paz en los problemas normales de la vida, algo que le resulta imposible al egoísta puro.'"
El artículo completo de Sandra Russo publicado en Página 12, acá
...
El método que encontró Russell a lo largo de su vida fue el darse cada vez menos importancia, y lo explicó contando cómo superó su juvenil y atenazante miedo de hablar en público. Comenzó a advertir que cuando hablaba muy bien y cuando hablaba muy mal, los resultados no diferían demasiado. Descubrió que era él su testigo y su juez más despiadado. Cuando dejó de estar pendiente de él mismo, se distrajo.
...
Así, la felicidad asoma como el resultado de un entretenimiento natural, social, de unos con otros, y en el plano lógico de Russell, como el fruto de un corrimiento necesario: el del ego. 'El ego de una persona es una parte insignificante del mundo. El hombre capaz de centrar sus pensamientos y esperanzas en algo que lo trascienda puede encontrar cierta paz en los problemas normales de la vida, algo que le resulta imposible al egoísta puro.'"
El artículo completo de Sandra Russo publicado en Página 12, acá
28 de diciembre de 2012
Exitos
“El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. Winston Churchill
Basta de pedagogía y basta de exitismo, también.
Otro veneno inoculado minuciosamente desde la infancia: el éxito (escolar/académico y económico, sobre todo) como un valor en sí, aprehendido como una necesidad : demostrarle al mundo que uno es especial, ligeramente superior, que ningún tipo de fracaso puede ni siquiera ser pensado, un tacito desdén hacia quienes no pueden o quieren serlo (o sea, casi todo el resto de la humanidad), un concepto aristo-exitocrático de la vida, una valoración moral del éxito, como si -ya ni siquiera digo: fracasar- como si no ser tan exitoso reflejara alguna falla, alguna carencia. Demostrar que uno es superior, y si es posible, la mejor: la mejor nota, el mejor concepto, la más querida por sus profesoras, los mejores y más puntuales exámenes, el mejor promedio, el mejor tema, el mejor posgrado, la mejor docente, e cosí vía.
Esa ponzoña, aún con la inmediata satisfacción que en algún momento pudo haber procurado, ha ensombrecido amistades y relaciones, momentos de calma y de goce.
Basta de pedagogía y basta de exitismo, también.
Otro veneno inoculado minuciosamente desde la infancia: el éxito (escolar/académico y económico, sobre todo) como un valor en sí, aprehendido como una necesidad : demostrarle al mundo que uno es especial, ligeramente superior, que ningún tipo de fracaso puede ni siquiera ser pensado, un tacito desdén hacia quienes no pueden o quieren serlo (o sea, casi todo el resto de la humanidad), un concepto aristo-exitocrático de la vida, una valoración moral del éxito, como si -ya ni siquiera digo: fracasar- como si no ser tan exitoso reflejara alguna falla, alguna carencia. Demostrar que uno es superior, y si es posible, la mejor: la mejor nota, el mejor concepto, la más querida por sus profesoras, los mejores y más puntuales exámenes, el mejor promedio, el mejor tema, el mejor posgrado, la mejor docente, e cosí vía.
Esa ponzoña, aún con la inmediata satisfacción que en algún momento pudo haber procurado, ha ensombrecido amistades y relaciones, momentos de calma y de goce.
25 de diciembre de 2012
Polpettone (o salsicciotto)
La foto no es muy feliz, parece un salamín dentro de un canasto, y así de arriba, se ve más bien como un bicho asado; pero no, es un delicioso polpettone, o con otro nombre, también muy gracioso, se lo puede encontrar, salsicciotto (que se lee salsichoto).
Tampoco saqué fotos cuando lo cortamos, anoche en la casa de mi hermana.
Pero copio aquí la receta porque realmente es muy, muy rico.
Mezclar muy bien:
1kg de carne picada,
2 huevos batidos
100g de queso rallado
miga de pan remojada en leche
ajo cebolla perejil albahaca sal pimienta, nuez moscada
hasta que quede una pasta bien homogénea.
Sobre un repasador disponer a lo largo, de manera transversal, de a dos
200 gr de jamón crudo en fetas enteras, parejas, sin demasiada grasa
cuidando que en queden superpuestas en el centro.
Encima colocar una capa de la mezcla, luego,
Queso en tiritas (holanda, provolone, o alguna otra variedad más bien picante)
y
alguna verdura en tiritas: yo usé morrón; pero podrían haber sido cabezas de espárragos, o alcauciles, o berenjenas.
Finalmente, con la ayuda del repasador se enrolla. El jamón queda en la parte exterior, como una capa externa. Al ser una preparación blanda, se puede modelar con las manos, para que quede la forma adecuada. Luego, ese rollo se coloca sobre una masa (como la de tarta salada) de forma rectangular, en el centro, y a cada lado se cortan tiritas, que se van cruzando por sobre el rollo. Todo al horno, como mínimo una hora y media.
14 de diciembre de 2012
Encarnizamiento pedagógico
¿Por qué una persona está tan convencida de que lo que enseña es TAN importante, tan formativo, tan imprescindible que en aras de esa idea se encarniza con sus alumnos si no hacen o dicen EXACTAMENTE lo que ellos consideran que tiene que ser? ¿Va a salir mejor "educado", va a aprender algo más, alguien a quien se ha obligado a repetir como un loro temas que no le interesan, que no entiende y no tiene ganas de entender, alguien a quien se ha llegado a maltratar, humillar, subestimar?
12 de diciembre de 2012
Basta.
No quiero enseñarle nada mas a nadie. No quiero mas.
¿Quién me ha inoculado ese veneno, de tener que enseñar, de tener que educar a otras personas?
Cómo explicar para que se entienda, cómo simplificar para que no espante, cómo volver a repetir lo mismo sin aburrirme, y sin que los demas se aburran, y con entusisasmo son cosas que siempre me han preocupado, me han desvelado, y han succionado en estos años lo mejor de mi tiempo y de mis energías.
¿Cuántas cosas que me gustaron, así a primera vista, para gozarlas de primera mano, fueron amainadas, apaciguadas domesticadas por la voluntad de enseñarlas, o de enseñar algo con ellas?
Tal vez el error esta en pensar en que uno puede enseñar algo: nadie aprende nada mas que lo que busca y que desea. Hay una profusión en el dar clase, que tiene mas que ver con la propia necesidad (infantil) de prodigarse, una maravillosa (y casi por completo infundada) confianza en la propia capacidad para influir sobre los otros.
(Estaba a punto de empezar a convertirme en la vieja profesora de frances de la propaganda de champan)
No quiero enseñarle nada mas a nadie. No quiero mas.
¿Quién me ha inoculado ese veneno, de tener que enseñar, de tener que educar a otras personas?
Cómo explicar para que se entienda, cómo simplificar para que no espante, cómo volver a repetir lo mismo sin aburrirme, y sin que los demas se aburran, y con entusisasmo son cosas que siempre me han preocupado, me han desvelado, y han succionado en estos años lo mejor de mi tiempo y de mis energías.
¿Cuántas cosas que me gustaron, así a primera vista, para gozarlas de primera mano, fueron amainadas, apaciguadas domesticadas por la voluntad de enseñarlas, o de enseñar algo con ellas?
Tal vez el error esta en pensar en que uno puede enseñar algo: nadie aprende nada mas que lo que busca y que desea. Hay una profusión en el dar clase, que tiene mas que ver con la propia necesidad (infantil) de prodigarse, una maravillosa (y casi por completo infundada) confianza en la propia capacidad para influir sobre los otros.
(Estaba a punto de empezar a convertirme en la vieja profesora de frances de la propaganda de champan)
6 de diciembre de 2012
Nubes (y el paréntesis de Montale)
Pocas cosas me hacian sonar tanto, cuando era niña, nubes como estas: tierras lejanas que parecían iluminadas, incluso, por otros soles; otras ciudades, otros campos , otros mares por detrás o entre esas remotas y fascinantes montañas, un colorido e inaccesible mundo que parecía estar ahi en el horizonte.
Pensé que nadie mas que yo imaginaba cosas así.
pero ahora, cuando veo nubes como estas, recuerdo un poco sí, de aquellas antiguas imágenes, pero más presentes y pregnantes me viene a la mente este paréntesis de Montale, en el poema Corno inglese:
(Nuvole in viaggio, chiari
reami di lassú, d'alti Eldoradi
malchiuse porte)
(Nubes en viaje, claros
reinos de allá arriba; de altos Eldorados,
puertas entreabiertas)
Ayer salí a caminar, después de mucho tiempo de corridas o de sedentarismo forzado. Y tardé un largo rato en verlas, y recordar todo esto.
30 de noviembre de 2012
Polibiana
He hecho en estos ultimos años una cantidad descomunal de entrevistas: a mujeres italianas, a trabajadores ferroviarios y portuarios, a inmigrantes y a hijos de inmigrantes. El que esté leyendo esto probablemente haya visto algo de este trabajo en Museo Taller, en Trentinos en Bahía Blanca y en Italianos en Bahía Blanca.
La utilización de entrevistas orales para escribir historia ha llevado a la proliferación, en estos ultimos tiempos de muchas investigaciones académicas. Algunas por supuesto son muy buenas.
Sin embargo creo que hay algo que no se está entendiendo bien, y se está haciendo un "mal" uso de las entrevistas. No me estoy refiriendo a un mal uso de la "experiencia", la vivencia, lo singular del recuerdo que una entrevista proporciona y que ninguna otra fuente puede dar. El testigo presencial, el que estuvo ahi, el que vio, vivió, recuerda y reelabora para poder contar es indiscutiblemente un referente ineludible cuando uno hace historia reciente. (Autoptés)
El problema está en que, mirando algunos de aquellos trabajos académicos o respaldados por la academia, encuentro que los datos proporcionados por la débil memoria de un anciano son tomados así, de primera mano, y afirmados como verdad, sin haber hecho el trabajo básico, elemental, que es ir y contrastarlos con lo que muestran fuentes de información que no corren el riesgo de olvidar o confundir: o sea, diarios, actas, fotos, informes para corroborar o ajustar fechas, nombres, causas. Daría la impresión de que algunos olvidan lo básico.
¿Lo básico? un señor le cuenta a un historiador profesional una huelga en la que le paso "tal y tal cosa". Ese "tal y tal cosa", ponele que sí (si es que no lo contó ya muchas veces; porque si fue así, el entrevistado ya tiene un relato modelado al ritmo de las expresiones de interés y asombro de los entevistadores anteriores, incluso inducido por relato o las expectativas con el que esos entrevistadores hayan iniciado la conversación). Pero la fecha de la huelga, las causas mas generales de la huelga, eso, hay que contrastarlo con otras fuentes. Si lo hubiera hecho, ese historiador profesional se habría enterado de que en esa entrevista se está hablando de dos huelgas, sucedidas con tres años de distancia la una de la otra. (y esa confusion le ocurre a muchisimos de los que participaron de esas dos huelgas).
¿Lo básico?: un historiador va hacer la historia de una institución barrial formada ochenta años atras; y menciona en el cuerpo mismo del texto de historia, nombres, cargos, fechas. Yo leo eso, y enseguida me pregunto: ¿de dónde salieron esos datos? Revuelvo cielo y tierra, doy con un texto que transcribe el acta de formación de esa institucion, los nombres y los cargos de sus miembros; y hete aquí que no coinciden, coincide poco, coincide algun nombre, coincide el nombre de una persona conocida,cuyo nombre siguió sonando en el barrio, coincide evidentmente con lo que alguien recuerda y contó en una entrevista, lo que alguien recuerda que le contaron - porque ninguna persona viva pudo haber estado en la conformación de esa sociedad ochenta años atras-. No solamente inexactos: tampoco aquellos nombres, cargos o fechas que estan en el cuerpo mismo del texto se hace referencia a la proveniencia de la información. Me podrán decir: bueno, en un libro sobre una institucion barrial y que se supone que es de "divulgación" no vas a poner notas al pie. Ponele que no. Pero el trabajo hay que hacerlo bien igual, siempre, y con más razón, incluso, para que el texto sea fiable, si el que lo hace es un historiador, profesional (en este sentido, profesional, no en el de los títulos o cargos universitarios). Hasta un periodista sabe que hay que hacer eso.
¿lo básico? no dejarse llevar tan facilmente por la idea corriente de que el uso de entrevistas y el rastreo de datos en fuentes escritas son recursos o métodos antagónicos.
No sé por qué me preocupo tanto.
No sé si hay alguien mas a quien estas cosas le preocupen.
Los que yo creo que se tendrian que preocupar, están muy ocupados y apurados en otras cosas.
Las modas académicas (como esta cosa llamada "historia oral", por ejemplo), las disquisiciones teóricas formuladas en el aire y no como resultado de un trabajo de campo específico y concreto, y finalmente la urgencia por cumplir plazos administrativos (eso de entregar antes de tal fecha el resumen de un trabajo que, la mayor parte de las veces, aún no existe) pueden llegar a comerse la pasión y la seriedad que un trabajo como este requiere.
Etiquetas:
Historia de Bahía Blanca,
Polibiana
20 de noviembre de 2012
Dejalo en paz, dejalo ir.
¿por qué no lo soltás?
¿creés que lo estás protegiendo?
¿crees que así, en cierto modo,
sigue viviendo,
confortablemente oculto,
resguardado
bajo ese sol lejano
que lo conserva, aún,
resplandeciente?
¿no sabés acaso
que las lágrimas
son regalos
inútiles, que él ya
no te necesita?
¿por qué no lo soltás?
¿creés que lo estás protegiendo?
¿crees que así, en cierto modo,
sigue viviendo,
confortablemente oculto,
resguardado
bajo ese sol lejano
que lo conserva, aún,
resplandeciente?
¿no sabés acaso
que las lágrimas
son regalos
inútiles, que él ya
no te necesita?
18 de noviembre de 2012
Una tarde de actividad febril:
- poda de algunas hojas y ramas de la hiedra, mientras Nina prueba sus patines nuevos en el patio. Reprimir la tentacion de sacar la escalera y ponerme a podar todos los 2,5 metros de pared y extension con mi pequeña y noble tijera de podar de hierro.
- una densa entrada en el blog de los trentinos despues de haber terminado de desgrabar una entrevista de 1h 57'. Podría haber preparado ya la continuacion (la historia de la hija del hombre sobre el que escribi hoy), de hecho ya tengo el borrador medio planteado.
- una pagina para subir todas las traducciones del italiano o del latín de letras de obras, ordenadas por titulo y autor, en idioma original y traduccion (la mayor parte ya estaban hechas, otras que no encontré a mano, al final me resulto mas rapido volver a hacerlas). Reprimir con rigor la insistente tentación de completar cada obra con video/audio e imagenes de pinturas u obras de arte.
- milanesas de carne y de zapallitos. Queda la mitad para el almuerzo de mañana.
Tendría que salir a caminar ahora, la noche es bella.
- poda de algunas hojas y ramas de la hiedra, mientras Nina prueba sus patines nuevos en el patio. Reprimir la tentacion de sacar la escalera y ponerme a podar todos los 2,5 metros de pared y extension con mi pequeña y noble tijera de podar de hierro.
- una densa entrada en el blog de los trentinos despues de haber terminado de desgrabar una entrevista de 1h 57'. Podría haber preparado ya la continuacion (la historia de la hija del hombre sobre el que escribi hoy), de hecho ya tengo el borrador medio planteado.
- una pagina para subir todas las traducciones del italiano o del latín de letras de obras, ordenadas por titulo y autor, en idioma original y traduccion (la mayor parte ya estaban hechas, otras que no encontré a mano, al final me resulto mas rapido volver a hacerlas). Reprimir con rigor la insistente tentación de completar cada obra con video/audio e imagenes de pinturas u obras de arte.
- milanesas de carne y de zapallitos. Queda la mitad para el almuerzo de mañana.
Tendría que salir a caminar ahora, la noche es bella.
15 de noviembre de 2012
Saveria
Una mujer -italiana- lava la ropa a mano, los sábados, y canta: Un bel di vedremo, levarsi un fil di fumo, sull'estremo confin del mare... feliz como si estuviera en un gran teatro.
Podría haber sido cantante, podría haber sido famosa. Sabía esa y tantas otras arias, y las cantaba muy bien, según me han contado.
Aquel día cuando daba yo mi conferencia en la Dante y la evocaba -aun sin conocerla- a esta mujer, la tendría que haberla tarareado yo, un bel di vedremo, suave, como en voz baja, sin tanto despliegue de atril, partitura ni la prepotente voz de soprano de esa cantante hija de aristocratas salteños y militares castizos.
"Claro, - me dijo Sandra el otro día - que una mujer, inmigrante mientras lava la ropa, cante un bel dì vedremo es algo que solamente los que sabemos -y hemos vivido a través de nuestras familias - cómo era esa Italia de los años 50, podemos entender. Una cuestión de experiencia vital de la chica que cantó: tal vez no es que no haya cantado bien, pero no pudo empatizar con la vivencia de la que vos hablabas."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











