29 de marzo de 2013

Preguntas atrasadas

Desde hace algunos años, tengo un par de preguntas  sin respuestas.
En primer lugar, nunca las formulé en voz alta, y de manera directa.
Cuando debería haberlo hecho, una sucesión de desgracias y de preocupaciones verdaderamente importantes las desplazaron a un remoto rincón de mi memoria.
Luego, las olvidé por largo tiempo.

Ahora me acucian.

¿Qué hago? ¿Tiene sentido preguntar ahora algo que tendría que haber preguntado y en todo caso, resuelto con alguna iniciativa personal mucho antes?


23 de marzo de 2013

Entre Nos



Santiago fue más tarde el amigo intimo de Sarmiento, el que con él viajó por los Estados Unidos; en una palabra, el hombre mas amable, mas interesante, mas alegre de la tierra (tanto que se casó dos veces)...
Cuando llegué a esta frase en la tercera página, ya no pude dejarlo.

En realidad estoy leyendo Politicas linguísticas e inmigración: el caso argentino, de Angela Di Tullio (Eudeba, 2011) y cuando cita un par de pasajes de Entre-Nos, de Lucio V. Mansilla, me viene a la mente la vaga sensación de que en algún lugar lo tengo, que es el titulo de uno de esos libros con los que jugaba cuando era chica entre las nubes de pluma de ganso que salían por las costuras de los sillones de mi abuelo, que si lo busco seguro que lo encuentro.

Helo aquí:  uno de los diez minúsculos volúmenes de la Colección Miniatura Jackson de Clásicos Argentinos" (1958), una colección que venía -parece- con su propia repisita de madera en la que estuvieron desde que yo recuerdo, primero en la casa de mi abuelo y luego en el galpón, y cuyos libros eran de esos hechos para otro uso diferente que la lectura (utilidad lúdico-decorativa que en este caso ha quedado a lo largo de los años perfectamente cumplida).

No solamente encontré lo que buscaba, - la anécdota de Rosas que al leer en voz alta diferencia la pronunciación de las z, s, y c, y las de la b y v; las menciones a muchas palabra que "no figuran en la Academia", y una cantidad de palabras familiares, coloquiales como mamotreto, facha, papando moscas, zonzo).

Encontré también un libro lleno de COMIDA: La mesa de mi padre no era servida por ningún artista culinario pero se comían en ella cosas criollas muy buenas, aunque protesten los sibaritas refinados, aficionados a la haute cuisine... ¿O no son cosas buenas la carne gorda, bien asada, la carbonada, el locro, los porotos (¿y qué me dicen ustedes de las lentejas que es la sustancia vegetal más alimenticia?), los garbanzos, el dulce de leche inventado en América por los jesuitas, los pastelitos fritos de hojaldre, de carne o con azucar, y la carne con cuero?  120-121.

- Voy a hacer que te traigan un platito de arroz con leche (le dice Rosas, que desde hace varias horas le lee un texto suyo a Mansilla y le pide consejos sobre gramática y léxico)
El arroz con leche era famoso en Palermo y aunque no lo hubiera sido mi apetito lo era y empecé a sentir esa sensación de agua en la boca, ante el prospecto que se me presentaba de un platito que debía ser un platazo, según el estilo criollo y de la casa. ... Un momento después Manuelita misma se presentó con un enorme plato sopero de arroz con leche, me lo puso por delante y se fue. Me lo comí de un sorbo. Me sirvieron otro, y otro, y otro... Me había hinchado; ya tenía la consabida cavidad solevantada y tirante como parche de una caja de guerra templada; pero no hubo más: siguieron los platos... 174-175

Abríamos las alacenas que eran dos, las abríamos de par en par, destapábamos las orzas más monumentales, nos arremangábamos y a guisa de cucharón empleábamos los diez mandamientos, metiéndolos hasta el codo en la líquida y rubia almíbar, y sacábamos con la diestra una batata, con la siniestra un tomate (qué rico es el dulce de tomate ¿no?) que devorábamos con una gazuza pantagruélica, embadurnándonos hasta las narices  358.

Asado, pastelitos, dulce de leche, dulce de batata, arroz con leche. Todo esto nos preparaban mis padres cuando era chica. Lo más propio. Como muchas de esas palabras que ellos también usaban con toda naturalidad, pero que nosotros ahora, ya no.
Entre nos era una expresión con la que muchas veces mi vieja introducía alguna confidencia, o algún comentario de esos que en definitiva solo nosotras íbamos a poder comprender bien.
Ese nos era el plural, no de su familia de origen (italiana llegada a fines de los años 20), sino de quienes sentían como propio ese uso del pronombre, ese dulce de leche, ese "mamotreto" o "galpón". ¿Y cómo es que una hija de italianos siente más propio el asado, el dulce de batata o el arroz con leche que cualquiera de las recetas que se supone deberían haber preparado sus padres con nostalgia: lo smacafam, lo strudel, gli strangolapreti?

En la casa de mis abuelos italianos había solamente dos o tres libros de ellos: la Filotea (una especie de devocionario) y un diccionario de la lengua castellana (ed. 1928), pero ningún libro en italiano.
En la considerable biblioteca que estamos desarmando de la casa de mis padres hay muchos libros de lectura de escuela primaria, y mucha, mucha literatura argentina.

Este cabe, como puede observarse, en la palma di mano.

20 de marzo de 2013

Posibilidad

Hoy me compré un libro que tenía ganas de leer, y pude sentarme, durante un par de horas a leer.
Pude llevar a Nina a la pileta y caminar durante un largo rato, con Nico, por el parque.
Pude dormir un rato la siesta y me levanté lenta, con calma, tomé mate, y hasta dormité de vuelta, unos minutos sobre mi escritorio cuando me cansé de leer, en esta habitación que se llena de sol a la tarde.

Iba a borrar todos esos "pude" del párrafo anterior pero, como si yo fuera terapeuta de mí misma (algo aprendo de la mía que es la mejor de Bahía Blanca, sin la menor duda), me detuve.

El trabajo como indiscutido deber, el cansancio como parte de la propia naturaleza, el deber como un compromiso al que se adhiere con pasión. ¿Qué es lo que me impedía antes concederme a mi misma la posibilidad de tener este tiempo, esta calma? ¿Quizás, un cierto principio de realidad con respecto al cual recién ahora logré poner distancia?

Hay momentos todavía que me cuesta estar del todo segura de que no estoy faltando a ningún lado.

Es el tiempo de la calma. Este es el tiempo de la fortaleza.
Sólo es cuestión de volver a encontrar todo eso que, con tantas cosas que pasaron en estos años, fue quedando pendiente.



17 de marzo de 2013

Un fragmento de El Gualeguay, de Juan L. Ortiz, en recuerdo de Elisa, mi madre

Hace diez años hicimos con Nico un video muy hermoso, en el que varias personas van leyendo estos versos de Juan L. Ortiz. Lo habíamos perdido, hasta ayer a la tarde, que Alvaro lo encontró entre sus viejos VHSs.  También Elisa, mi madre, aparece ahí, leyendo, estos versos llenos de vitalidad y de esperanza.

Este hallazgo fortuito, justo, hoy, que se cumplen -en la misma fecha- el aniversario de su nacimiento y el de su muerte.


Pero cuándo se detenía él?
No era siempre él, también, la propia música naciendo,
muy delante de sí, siempre, en una gama sin fin, como la vida,
o como eso, acaso, que se abría más allá,
o de donde él venía?
Y no discurría, él, además, en el seno de la melodía sin medida
él, que improvisaba libremente, o mejor, él
en la linea sin límites de un espíritu de latidos y de ciclos,
hecho todo de "élan",
en la aventura de los rumbos, inventando siempre pétalos
para una rosa que crecía y crecía
desde la raíz del ritmo?


22 de febrero de 2013

Mais, quand d’un passé ancien rien ne subsiste, après la mort des êtres, après la destruction des choses, seules, plus frêles mais plus vivaces, plus immatérielles, plus persistantes, plus fidèles, l’odeur et la saveur restent encore longtemps, comme des âmes, à se rappeler, à attendre, à espérer, sur la ruine de tout le reste, à porter sans fléchir, sur leur gouttelette presque impalpable, l’édifice immense du souvenir.

17 de febrero de 2013

Casa de campo




He ido toda la vida al "campo", desde que nací, cualquiera sea la estación del año. Para mí, el campo por antonomasia fue siempre la chacra que mi abuelo tenía en Ascasubi, de la que se ocupó él hasta su muerte en 1984, y mi padre y mi madre, hasta hace unos pocos años.

Qué idea tenia mi abuelo del campo, qué imagen, qué contraste podía percibir el entre esta llanura desolada convertida a duras penas en vergel gracias al riego y a un trabajo descomunal, y los "campos" en los valles de montaña en los que vivió y trabajo en su juventud en Italia, en el Trentino, en Italia, es algo que no se me ocurrió preguntarle; y probablemente, pragmático como era, le hubiera parecido una respuesta imposible de formular o de expresar.

Fue con mis padres (y a través de la idea que ellos se hacían de todo ese mundo), que conocimos el campo. Con ellos íbamos, pasábamos vacaciones, feriados o fines de semana, cuando éramos chicas, de vacaciones. (recién me hace acordar mi hermana de cuando salíamos a caminar todos juntos, lo disfrutábamos -aunque se ve que ese recuerdo estaba oculto). Es más, del campo se hablaba todo el tiempo en casa, en términos de novillitos, animales, pasturas, tranquera, alambrados, vacunas, riego, canal, compuertas, álamos, manga. Pero no fue solo en base a esos términos que me hice mi propia idea del "campo" . En mi imagen, en mi percepción del "campo"  se encontraron -en tensión- las muy diferentes imágenes que cada uno de ellos, mi madre y mi padre tenía del "campo."

Para mi madre, el campo es la tierra virgen que compra su padre, y luego (cuando ya es maestra) la llanura, y el Pampero (que yo también me sabía de memoria)

Hijo audaz de la llanura 
y guardián de nuestro suelo, 
que arrebatas en  tu vuelo
cuanto empaña su hermosura.
Ven y vierte tu frescura
de mi patria en el ambiente
ven enérgico y valiente
bate el polvo en mi camino
que hasta soy mas argentino
cuando me azotas la frente.

El viento se lleva todo lo superfluo, lo que empaña la "hermosura" (lo "hermoso" para ella -recuerdo bien- eran los novillos gordos, los potreros llenos de trigo, o de alfalfa) De ahí entonces que la casa de campo siguió siendo absolutamente despojada, sin ningún ornamento, sin nada que distraiga los esfuerzos orientados a la producción de la "hermosura":



Mi padre en cambio vivió su juventud en una pequeña localidad de la provincia, hizo el servicio militar en Buenos Aires, leyó mucho en esos años, vivió en Bahía Blanca, trabajó un tiempo en una estancia en Trenque Lauquen (donde despuntaba de paso el vicio de coleccionista de "antiguedades") y recién pasados los cincuenta -cuando mi abuelo ya no estuvo - se hizo cargo del "campo". Así decoró él, en esos años, el interior de la casa del campo:



Estribos, lazos, rebenques, espuelas, tijeras, boleadoras, los "gauchos" de Molina Campos y los almanaques de cuero repujado que le habían regalado en Trenque Lauquen (en el corazón de la pampa húmeda) fueron los anteojos con los que mi padre miraba ese pedazo de tierra que tenía que cultivar, regar, caminar.

No sé si hubo alguna vez gauchos como esos, o caballos para andar galopando a campo traviesa. Vivió ahí, del otro lado del patio, en una casa de adobe mucho más antigua e igualmente despojada, durante más de veinte años, la familia Mamani (él, boliviano, ella, Elena, jujeña, y sus siete hijos), con su quinta, sus gallinas, y su horno de pan:
























Elena y Elisa, mayo de 2006

Todo esto como consecuencia de la lectura del fascinante libro de Gracila Silvestri, El lugar común.

2 de febrero de 2013

Naturaleza

He venido desde mi más tierna infancia a este lugar con mis padres. Y sigo viniendo todavía, con gran placer.
Este verano traje conmigo El lugar comun, de Graciela Silvestri,  el libro del año, y entonces -motivada por algunas páginas de ese maravilloso libro- me divertí durante mis caminatas observando y conversando, averiguando algunas cosas, y pensando otras.

La frondosa arboleda, los tamariscos sobre la playa, los médanos, y las casas más viejas.
Sin embargo, parece que hace 70 años en este lugar no había ni un solo árbol, ni tamariscos en los médanos, ni tierra que no fuera arena. Hasta que, hacia 1937 el estanciero propietario de esas tierras y dunas que llegaban hasta el mar trazó un par de calles perpendiculares a la playa y plantó eucaliptos. Un famoso urbanista-paisajista fue convocado para el trazado de la futura villa balnearia, Benito Carrasco, quien en base al trazado de esas primeras avenidas avanzó con una composición en abanico, característica de las ciudades de veraneo:


No solamente el terreno completamente ondulado y lleno de desniveles sino también los senderos sinuosos dan un aspecto "natural" al paisaje. Las líneas curvas características de las casas más antiguas parecen reforzar esa impresión. Esta es una de ellas, construida entre 1949-1950 por uno de los primeros propietarios:




Pero hete aquí que me vengo a enterar que:

- los árboles fueron sembrados, cuidados, podados y pacientemente regados, (ninguna de las especies es "autóctona"), de hecho conocimos hace unos años a Ramón, quien nos contó que siendo él muy pibe hacía ese trabajo de regar con un carro con caballos;
- los médanos fijados (cubiertos con lienzos de lana sujetos con gran cantidad de estacas de tamarisco, en poco tiempo las estacas brotaron y prosperaron porque la arena almacena bien la humedad -agua dulce-, y con quinchos de olivillo para evitar el avance de la arena). Después se desechó este sistema por el de empajado, es decir cubrir los médanos con paja de yuyos.
- gran cantidad de tierra y tosca fue traída en camiones desde el campo cercano para consolidar las calles y los terrenos.

¿Podríamos pensar que esta nueva y artificiosa "naturaleza" se superpuso dominándola, a la naturaleza "natural" de este sitio?
Los arcos, las tejas, las lajas quedan ahora perdidas entre el follaje y los médanos umbríos cubiertos de uña de gato.
Muchas casas y cabañas se hicieron, luego, de madera, como corresponde "típicamente" a un lugar de naturaleza y bosque.
Por suerte Carrasco no llegó a ver los bizarros ejemplares de kitch arquitectónico de este sitio (la casa barco, el molino, el plato volador, la lata de cocacola gigante).

Daría la impresión de que solamente en la playa, en el ir y venir de las mareas, no hay historia.



(La información está tomada del libro de Horacio Gonzalez Martínez, El bosque junto al mar. Memorias de Pehuen-Co, Bahia Blanca, 1992. Cliquear sobre los textos fotografiados para ampliar)

1 de febrero de 2013

La luna, esta noche
como una lápida
sobre nuestras cabezas

Me acordé de estos versos, de hace muchos, muchos años, una noche de verano como esta, de duelo ajeno también, de calor irrespirable.

26 de enero de 2013

El libro del año


En marzo de 2012 me compré este libro que fue, para mí, el libro del año. 
En primer lugar, porque fue el único libro de este porte que leí. (Otro de un porte análogo, escribí).
Los únicos momentos apropiados para concentrarme y leer algo que no estuviera estrictamente vinculado al trabajo los podía encontrar en la cama, generalmente pasada la medianoche, hasta que me quedaba profundamente dormida. Muchas veces tenía que remontarme una dos páginas previas a la que indicaba mi señalador para poder retomar el hilo de la argumentación y seguir leyendo.

Subrayé muchisimos datos, hice gran cantidad de anotaciones, es más, creo que de algún modo terminé  confeccionando eso que los libros de edición argentina no suelen tener  y que es muy útil, que es un índice de nombres.

Silvestri se hubiera merecido un editor profesional, de calidad, y no este sello Edhasa, que mandó a la imprenta un texto lleno de erratas, pequeños lapsus sintácticos, palabras italianas sistemáticamente mal escritas, y párrafos que muestran que el original probablemente estuvo escrito en inglés y que fue traducidos con apuro.

Porque este libro es realmente FORMIDABLE, no solamente por la envergadura de la investigación sino sobre todo por el enfoque con que revisa la historia de la ocupación del territorio argentino y la imaginación (de origen literario) que sobre esos paisajes configura absolutamente toda nuestra percepción del "paisaje".

Varias veces me tenté de dejarlo, de leer entre tanto otras cosas. Pero no, acá estoy, en Pehuen-Có, releyéndolo de nuevo, asombrándome de cosas que se ve que medio dormida me saltée, o a las que no presté suficiente atención cuando lo leí.

Y no dejo de felicitarme una y otra vez por haberlo traído conmigo.

21 de enero de 2013

Programa de verano

Un lugar de mar, al que vengo desde que nací.
Hace poco tiempo me regalaron una copia del acta de fundación de esta villa.

Todavía no la leí,sólo sé por ahora  que en mi infancia este lugar era aún bastante nuevo (y tengo solo 47), y los amigos que en esa época nos invitaban eran hijos de uno de los "fundadores".

Pero ahora  que , después de un año de intensa lectura, logré terminar el libro de Graciela Silvestri, El lugar común, Edhasa, Bs As, 2011, creo que tengo la motivación - y un par de ideas inspiradoras e interesantes suficientes como para volver a mirar de nuevo toda la serie de casas (las casas "típicas" de este lugar) que fotografié el año pasado.

Estos lugares con un cierto pasado son para mi los mas confortables, 

14 de enero de 2013

Valla



Nuestro paseo de domingo nos llevó hoy hasta lo alto de la loma en Villa Cerrito, a la plaza desde donde se puede ver toda, toda la ciudad: el casco céntrico, a la derecha con sus altos edificios, a la izquierda sobre la línea del horizonte las chimeneas borrosas -era una tarde nublada- del polo petroquímico y los elevadores de cereal del puerto, y entre medio los innumerables techos de innumerables casas de barrios y más barrios; la torre cercana del Hospital Penna; y árboles, muchos más arboles de lo que uno supondría en este borde áspero del mundo.

La vista panorámica -tópico evangélico- pareciera otorgarle a uno, a quien mira, un cierto poder. Pero era doloroso hoy poseer esta ciudad en nuestros ojos porque en línea recta y perpendicular a la costa, varias cuadras más abajo, una valla entre medio de una de esas arboledas fue erguida ayer violentamente en un barrio social aun sin terminar con personas  adentro, y cortada el agua y la luz y la entrada; y una enorme ciudad a su derecha, blanca, ajena, con tanta gente juzgando miserablemente, y otra tanta callando.

Esta foto fue tomada ayer al mediodía, ahí en Villa Delfina:


Foto: FM de la Calle

Es impresionante, y terrible, conmovedora. En la larga serie de comentarios que la acompañan en Facebook hay variadas conjeturas sobre la madre, el padre, el bebé: que si lo usan de escudo al nene, que por qué no está con la madre, que qué hace el padre ahi en lugar de estar trabajando; incluso hay alguno que sugiere que están posando, estas personas, para el fotógrafo. Copio este comentario de Noelia Sollivan (alguien que parece que conoce a estas personas): "eso fue antes de que permitieran ingresar cosas, cuando nos habian cortado el agua y la luz, el bebe ese no tenia pañales y ropa, la mamá fue a buscar cosas y cuando quiso entrar no dejaban; no usa a su hijo el papa trabaja no hablen si no saben todo el mundo opina sin saber".

13 de enero de 2013

Otra cara en calle Saavedra al 500


Otra carita en el frente de una casa en Saavedra 570.
Es muy pequeña, casi no se ve sobre el par de altas ventanas.

Seguramente, como corresponde a este tipo de construcciones pareadas, también la casa de la derecha -simétrica, como puede observarse - debe haber tenido sus flores, sus hojas de laurel, sus rosas, su escudo estilizado, sus dos enormes ventanas, y por supuesto la carita.

En algún momento estos elementos ornamentales perdieron absolutamente su valor y su prestigio, en esta ciudad, y muchísimas construcciones se beneficiaron de una simplificación cuyas terminaciones fueron  parches de ladrillo y cemento, cortinas de enrollar, puertas metálicas.

Tengo la impresión de que recién ahora este tipo de edificación vuelve a ser objeto de interés. Y especialmente estos rostros. Enhorabuena.

No para conservar los edificios por sí mismos. Una cosa sabemos con total certeza: esas casas son absolutamente inhabitables a causa de la altura de los techos, la estrechez de las ventanas, la humedad nunca resuelta, y la falta (o precariedad) de baños, incluso -no olvidemos que estas casas tienen cien años, por lo menos. Y muchas veces esas molduras están tan deterioradas que se vuelven peligrosas.

Antes de que desaparezcan me encantaría saber más sobre ellas y sobre quienes las hacían, y quienes encargaban la construcción de esas casas.



Se ve que el mismo molde fue usado más de una vez, dos por lo menos, una en Ing. White, en Guillermo Torres al 3700, y otra en la calle 25 de mayo entre Brown y Chiclana. La de White está datada, 1904. Podemos suponer que estas otras, entonces son de esos mismos años (y tal vez del mismo escultor).

10 de enero de 2013

Grupa

Se ve que soy muy pesada, con dificultades para ver el verdadero "cómo son las cosas".
Permanezco aferrada al suelo, a mis cosas pequeñas, a mis pequeños mundos, anclada -pareciera- a mis infinitos momentos de placer y recogimiento, mientras algunos amigos de otras épocas  - no todos: los más inteligentes, y también los más astutos, los más pragmáticos - han sabido encaramarse con ligereza a la vertiginosa grupa de la política, habiendo hecho pie, al inicio, justamente, en algunos de esos pequeños y maravillosos mundos, pero dejándolos ahora lejos, muy lejos, moviéndose con destreza donde -parece- , está realmente "la verdad de las cosas", mirando hacia arriba, arriba, arriba...
Yo, se ve que padezco alguna incapacidad grave. Ellos ganan sueldos, posiciones, prestigio y poder. Yo sigo aferrada a la tierra: a la conversación atenta, a la bebida que se comparte, a la palabra que no se traiciona,  a lo que pienso y creo, y también, a los versos suaves, a las ráfagas del viento al anochecer, a la rápida ondulación de la espuma de una ola escurriéndose por entre los dedos de mis pies.

6 de enero de 2013

Belle Époque contadina


(Publiqué este post por primera vez  en mayo de 2010, agregué la traducción en octubre de 2010; y el 4 de septiembre de 2011, cuando di en la Dante Alighieri la conferencia: La lingua del Giretti: idioma inmigración y trabajo en Bahia Blanca a principios de siglo XX , la Serenata Rimpianto fue interpretaeda por Waldo Graf, Hernan Rolls y Luz Gorjón. Hoy Beppino, Sansoni me acaba de contar que (su abuelo, mi bisabuelo), el padre de Emma fue uno de los primeros de su pueblo en poseer un aparto de radio. Voilà!)


Enrico Toselli, florentino, compuso la Serenata -su obra más famosa- cuando tenía diecisiete años, en 1900 y se hizo muy conocida inmediatamente, al ser cantada y grabada por cantantes como Beniamino Gigli y Caruso. Entre 1897 y 1907 hizo más de cincuenta presentaciones no solamente en Italia sino también en Inglaterra, Estados Unidos y Egipto, y compuso una gran cantidad de piezas musicales. En 1907 se casó con la princesa;Luisa de Hasburgo-Lorena, una mujer veintitrés años mayor que él, que dejó justamente por él a su noble marido pero que, a causa del escándalo, le arruinó para siempre la carrera musical. Al final la princesa lo dejó, él compuso todavía algo más, llegó incluso a casarse de nuevo, pero murió casi olvidado en 1926.

Olvidado él, pero no su Serenata.

Emma Battaia, mi abuela, llega a Bahía Blanca en enero de 1927, a los veinte años.
Mientras trabaja canta: el Va pensiero, La Pulpera de Santa Lucía, y la Serenata de Toselli, me cuenta mi madre, la serenata de Toselli, música que conocían y cantaban todos, en esos años. Ahora me acabo de enterar que el padre de Emma, Luigi Battaia fue uno de los primeros en su pueblo en poseer un aparato de radio en ese pueblo de montaña, allá, en las montañas del Trentino, en el norte de Italia

Esto trajo también: esa música de moda, esas historias de amor escandalosas, ese italiano pretensiosamente poético y refinado de la letra de la Serenata.


Beniamino Gigli canta la Serenata Toselli




Come un sogno d'or
scolpito è nel core
Il ricordo ancor' di quell'amor
che non esiste più
 
Fu la sua vision
qual dolce sorriso
che più lieta fa,
col suo brillar, la nostra gioventù
 
Ma fu molto breve in me
la dolcezza di quel ben svani
quel bel sogno d'or
lasciando in me il dolor.
 
Cupo è l'avvenir sempre più tristi
i di la gioventù passata
sarà rimpianto
mi resta sol
sì rimpianto amaro e duol' nel cor!
 
Oh raggio di sole
Sul mio cammino ahimè non brilli più
Mai più, mai più



Como un sueño de oro
está grabado en el corazón
el recuerdo de aquel amor
que ya no existe más

Esa visión fue
como una dulce sonrisa
que hace más feliz
con su brillo nuestra juventud 

Pero fue muy breve en mí
la dulzura de esa felicidad, desapareció 
ese hermoso sueño de oro
dejando en mí el dolor.

Oscuro es el futuro siempre más tristes
los días, la juventud pasada
lamento,
solo me queda tanto
lamento amargo y dolor en el corazón 

Oh rayo de sol
en mi camino ya no brillas más
nunca más, nunca más.


(

3 de enero de 2013

La infancia y la muerte

Acabo de compartir este artículo en Facebook No hay infancia sin secretos, ¿Por qué a muchos chicos se les ocurre jugar con la temática de la muerte?, publicado hoy en Pagina 12. Con justa razón, probablemente la mayor parte de mis contactos piense que esto me interesa porque es verdad, muchas veces Nina (5 años) juega exactamente a eso, pregunta, hace comentarios.

Pero no es solamente por eso que me interesó y me impactó ese texto.

La muerte era eso -cuando era chica- que no se podía decir "ni en chiste". No se podía hablar de ella, ni siquiera jugando. Sin embargo una de las pocas cicatrices que aún tengo en mi cuerpo es de un corte que me hice, a los tres años, con un pedazo de vidrio roto en el cementerio, correteando por entre desparejos y llenos de maleza senderitos mientras mi mamá cambiaba -como puntutalmente hacía una vez por semana, y siempre con nosotras- las flores en la tumba de su madre, fallecida exactamente quince días antes de que yo naciera.

A veces no se podía llegar con el auto, y entones mientras caminábamos, íbamos leyendo juntas las lápidas, calculábamos cuántos años tenía la persona fallecida, qué joven, qué viejo, pobre, pobres los hijos, pobre la madre,  pobres los padres, qué tristeza, qué trágico, a nosotros no nos va a pasar así, ¿y qué pasa con los cuerpos que están ahí adentro?, hay que volver a la tierra. Sin embargo, en sus palabras, los cuerpos, a pesar del paso de los años permanecían en un proceso de corrupción y liquefacción constante, muertos cuya muerte no llegaba nunca a ser definitiva y completa, cuerpos con una cierta vida aún presente que parecía querer seducirnos y de la que huíamos verbalmente todo el tiempo, declarándonos inmunes a ella, ajenas a ese poder que justamente por impronunciado e innombrado se volvía incomensurable y aterrador.

He llorado más intensamente la muerte de mi madre durante mi infancia (previéndola, vivivenciándola, apropiándome de un terror que no era mío sino ajeno  -de ella-, un terror que no podía ser elaborado más que a través de la oculta fantasía y el inexplicado llanto), que ahora, que falleció efectivamente.

Vaya a saber cuál fue la causa de esa imposibilidad, de ella, de apropiarse y asumir la muerte como parte de la vida. Solo puedo hacer conjeturas: que sus padres inmigrantes, ninguno de ellos vio morir a sus padres, ni tuvo que lidiar con sus cuerpos, ni con sus tumbas, ni con las preguntas de sus hijos sobre el tema. Quién sabe si por algo así, para ella, mi madre, el tema de la muerte - una muerte oscura, sin esperanza, ni resignación, ni olvido- era eso "de lo que no hay que hablar", pero de lo que se estaba hablando, todo el tiempo.

2 de enero de 2013

Los primeros éxitos de la pequeña cocinera




He aquí el libro que podría  tal vez, explicarlo todo: La cocina maravillosa y divertida, de Lise Marin, Sigmar, 1972.

Probablemente llegó de regalo (mi madre jamas nos habría comprado un libro de cocina) uno o dos años después. Y por supuesto, todo eso que parecía ahi tan bonito y tan fácil, todo eso queríamos hacer con mi hermana, y que nos quede igual: así las salchichas, y los huevos chinos, y los pollitos. Cuando reaparecía este libro por entre la inmensa cantidad de libros de cuentos que había dando vueltas, hacíamos listas de ingredientes, meditábamos los procedimientos con gran cuidado y hasta alguna vez llegamos a amenazar con ocupar la cocina y pasar a la acción directa.
Creo que alguna vez intentamos hacer la receta de las papas que parecen muñequitas rusas: según dice ahi, hay que cocinar las papas con cáscara al horno, durante una hora, quitarles la tapa de arriba, vaciarlas, mezclar eso que acabamos de retirar con queso rallado, manteca y sal, volver a rellenar las papas; hacer caritas, cabello y volver al horno diez minutos antes de servir. ¿Habremos logrado "vaciar" las papas sin que se rompan y se deshagan todas? ¿Habrá terminado todo en un puré -imperfecto: no olvidar que se trata de papas con cáscara...? Si hubieramos logrado hacer esas caritas, habríamos tenido coraje para comerlas?

No puedo precisar si el sabor que recuerdo es de algo que realmente comí.

Después se nos pasó y el libro desapareció oportunamenteen algun recóndito estante del galpón.

Ahora observo que el original era francés, había sido publicado un año antes, en 1971 y que la autora
Lise Marin  más que cocinera, era una brillante y destacada ilustradora para niños de origen rumano radicada en Francia: por eso muchos ingredientes eran imposibles de hallar; y por eso muchas de las recetas son, mas que de cocina, de ornamentación.

Quien sabe, de todos modos, si no voy a probar alguna...


30 de diciembre de 2012

Cara de piedra en la calle Moreno (y algunas reflexiones socráticometodólogicas sobre la cuestión)



A pocos metros de mi casa, en calle Moreno al 500.
Debe tener por lo menos cien años.
Me tendría que conseguir una camioneta, una escalera hidráulica como las de los bomberos para poder mirarlas de frente.
Aunque, en realidad, si las pusieron a esa altura es para que las miremos así, desde abajo.

Es curioso: por más que quiero sigo sin saber nada sobre ellas.
No tengo por ahora la posibilidad concreta -por razones laborales- de investigar a fondo como debería el tema (ir a catastro a ver los nombres de los primeros dueños, comitentes, contratos, etc; ir al diario, revistas y publicaciones locales; revisar cuidadosamente otras investigaciones que se hayan hecho sobre estos temas, etc).

Tengo los nombres de un par de escultores, pero estas caritas que estoy catalogando fueron hechas seguramente, por lo menos veinte o treinta años antes. Sabemos también que hacia 1910 quienes decoraban sus fachadas quedaban eximidos de pagar impustos, justamente porque según parece el aspecto de la ciudad en esos años era bastante desagradable.

Apenas puedo especular sobre el uso de moldes, materiales (¿yeso? ¿estuco? ¿cartón piedra?) y técnicas de montaje y acabado utilizados acá, y las posibles "interpretaciones" que pienso siguen siendo deducciones a partir de generalizaciones referidas a otras ciudades, otros países, incluso otras épocas, o aventuradas conexiones entre las cosas que sabemos sobre fines de siglo XIX (crecimiento económico vertiginoso, inmigrantes -y en seguida se piensa en italianos-, el gusto por la ostentación de una pequeñísima burguesía que logra hacer bellas sus casas solo por fuera), y esta serie de fotos.

Y quien conozca el centro de la ciudad de Bahia Blanca y  mire mis fotografías advertirá que en esta serie no están las caras ni las esculturas ni los atlantes más conspicuos: ni los de la Municipalidad, ni los del Banco Provincia (viejo), ni los del Banco Nación, ni los de La Nueva Provincia, ni los de la Escuela 2 ni los de la Biblioteca Rivadavia. Son (salvo los de la municipalidad) mucho más recientes, son edificios que se daba por descontado que habrían de contar con una ornamentación abundante, edificios de instituciones poderosas que manifiestan su poder con esas figuras ciclópeas. Presupongo (pero insisto, es solo una suposición) que esas obras deben haber sido hechas fuera de la ciudad, incluso fuera del país.
Tampoco -por ahora, al menos- se me ha dado por sacar fotos en el cementerio. De estas esculturas hay abundancia, también. Pero no.

A mí me interesan las caritas que están en las fachadas de casas particulares, modestas dentro de su pretensiosidad; y no sé si me interesan porque pueden llegar a parecer "bellas" (en esos años -fines siglo XIX-ppios XX era una moda sacar fotos o hacer mascarillas mortuorias -pero ignoro si acá en Bahia Blanca eso se hacía); me parece que no son tanto lo sueños o las fantasías ornamentales de las instituciones lo que me llama la atención, sino más bien el afán -pero siempre limitado- de suntuosidad de la petit bourgeoisie local, y la habilidad de quienes hacían esas caritas -adocenadas, acá, y sus talleres, y sus casas que probablmente eran casas chorizo, o de esas que se hacian (pieza-cocina-baño).

Esto que escribí antes es todo lo que sé sobre esta cuestión (que es bien poco, en verdad).Seguiremos buscando.
Aunque eso lleve un largo tiempo.
Soy constante, y no tengo apuro.

29 de diciembre de 2012

Felicidades

" .... las reflexiones de Bertrand Russell sobre “la conquista de la felicidad”. Tal como lo sugiere el nombre del ensayo, la felicidad es ubicada no en el número de la lotería que quizá salga pero probablemente no, sino en un lugar interno o externo, pero conquistable. Russell escribió ese ensayo para un tipo de lector un poco abstracto, con sus necesidades básicas satisfechas y sin grandes problemas personales. Para gente que al menos podría estar disfrutando de la felicidad de no tener grandes problemas personales y, sin embargo, es infeliz. Hemos construido un tipo de sociedades en las que las personas no cultivan lo que las hace felices, porque lo que predomina en ellas es una tendencia voraz hacia el aburrimiento. “Hoy nos aburrimos mucho menos que nuestros antepasados, pero tenemos mucho más miedo de aburrirnos.” El tedio amenaza en las sombras con su tipo especialísimo de inseguridad; del tedio nacen muchas desgracias. La felicidad es, por el contrario, la forma perfecta del entretenimiento. Lo escribió Pessoa: “Sentir es estar distraído”.

...
El método que encontró Russell a lo largo de su vida fue el darse cada vez menos importancia, y lo explicó contando cómo superó su juvenil y atenazante miedo de hablar en público. Comenzó a advertir que cuando hablaba muy bien y cuando hablaba muy mal, los resultados no diferían demasiado. Descubrió que era él su testigo y su juez más despiadado. Cuando dejó de estar pendiente de él mismo, se distrajo.

...
Así, la felicidad asoma como el resultado de un entretenimiento natural, social, de unos con otros, y en el plano lógico de Russell, como el fruto de un corrimiento necesario: el del ego. 'El ego de una persona es una parte insignificante del mundo. El hombre capaz de centrar sus pensamientos y esperanzas en algo que lo trascienda puede encontrar cierta paz en los problemas normales de la vida, algo que le resulta imposible al egoísta puro.'"

El artículo completo de Sandra Russo publicado en Página 12, acá




28 de diciembre de 2012

Exitos

“El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. Winston Churchill 


Basta de pedagogía y basta de exitismo, también.
Otro veneno inoculado minuciosamente desde la infancia: el éxito (escolar/académico y económico, sobre todo) como un valor en sí, aprehendido como una necesidad : demostrarle al mundo que uno es especial, ligeramente superior, que ningún tipo de fracaso puede ni siquiera ser pensado, un tacito desdén hacia quienes no pueden o quieren serlo (o sea, casi todo el resto de la humanidad), un concepto aristo-exitocrático de la vida, una valoración moral del éxito, como si -ya ni siquiera digo: fracasar- como si no ser tan exitoso reflejara alguna falla, alguna carencia. Demostrar que uno es superior, y si es posible, la mejor: la mejor nota, el mejor concepto, la más querida por sus profesoras, los mejores y más puntuales exámenes, el mejor promedio, el mejor tema, el mejor posgrado, la mejor docente, e cosí vía.
 
Esa ponzoña, aún con la inmediata satisfacción que en algún momento pudo haber procurado, ha ensombrecido amistades y relaciones, momentos de calma y de goce.

25 de diciembre de 2012

Polpettone (o salsicciotto)


La foto no es muy feliz, parece un salamín dentro de un canasto, y así de arriba, se ve más bien como un bicho asado; pero no, es un delicioso polpettone, o con otro nombre, también muy gracioso, se lo puede encontrar, salsicciotto (que se lee salsichoto).
Tampoco saqué fotos cuando lo cortamos, anoche en la casa de mi hermana.
Pero copio aquí la receta porque realmente es muy, muy rico.

Mezclar muy bien:


1kg de carne picada,
2 huevos batidos
100g de queso rallado
miga de pan remojada en leche
ajo cebolla perejil albahaca sal  pimienta, nuez moscada

hasta que quede una pasta bien homogénea.
Sobre un repasador disponer a lo largo, de manera transversal, de a dos

200 gr de jamón crudo en fetas enteras, parejas, sin demasiada grasa

cuidando que en queden superpuestas en el centro.

Encima colocar una capa de la mezcla, luego,
Queso en tiritas (holanda, provolone, o alguna otra variedad más bien picante)
y
alguna verdura en tiritas: yo usé morrón; pero podrían haber sido cabezas de espárragos, o alcauciles, o berenjenas.  

Finalmente, con la ayuda del repasador se enrolla. El jamón queda en la parte exterior, como una capa externa. Al ser una preparación blanda, se puede modelar con las manos, para que quede la forma adecuada. Luego, ese rollo se coloca sobre una masa (como la de tarta salada) de forma rectangular, en el centro, y a cada lado se cortan tiritas, que se van cruzando por sobre el rollo. Todo al horno, como mínimo una hora y media.