La épica, como género narrativo de una próxima obra de historia local, prometida en este caso*, para justificar el genocidio: exaltación de la vida castrense, dos ejércitos en igualdad de condiciones, generales que mueren en su propia ley.
* Esto se refiere a los comentarios que hace el autor de "La Bahía Epica", que va a publicar el diario La Nueva Provincia a partir de mes que viene.
28 de julio de 2010
25 de julio de 2010
Otro ejercicio de epigrafía
¿Qué tenemos ?
* Una fachada ciega, con una inscrippción borroneada.
* Una propaganda publicada en el diario Nuevos Tiempos en marzo de 1945, según la cual, en esta esquina estaba el Depósito de Mercadería y Forraje de la Cooperativa de Consumos Ferroviaria (lo cual no quiere decir, necesariamente que el edificio sea de esa fecha)
* El dato según el cual, a mediados de 1955, esta cooperativa se fusiona con la Cooperativa Obrera.
* Las siluetas de unas letras estilo art decó: Cooperativa de Consumos Ferroviaria - Bahía Blanca - Anexo
*Tan poco nítidas esas letras que esa esquina fue durante toda mi vida la de un grafiti -que estuvo ahi hasta hace pocos años (ahora debe haber quedado debajo de los paneles para propaganda)- que decía: "Argentina te quiero, pero cómo sufrimos".
El edificio central de esa cooperativa está enfrente, en Rondeau al 700.
Ninguno de estos edificios ha merecido formar parte del "patrimonio"
Esta esquina está a la vuelta de mi casa, en Rondeau y Almafuerte.
Por lo que leía ayer, la propia CCF vendió este depósito en 1955 antes de la fusión con la CO a causa de sus problemas financieros en el libro de Clelia López de Pagani y Marta Vago, Historia de la Cooperativa Obrera, Bahía Blanca, 1988
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caminatas,
Historia de Bahía Blanca
19 de julio de 2010
17 de julio de 2010
Ut queant laxis
Para que puedan resonar en plenitud las maravillas de tus actos, perdona el pecado de los labios manchados de tus siervos, San Juan.
Aprendí esto de memoria, sin tener la menor idea de lo que decía, en un libro de historia de la música mientras esperaba mi clase de guitarra.
Se trataba del origen del nombre de las notas musicales.
Muchos años después (justamente cuando ya no me importaban ni los santos, ni los pecados ni los labios manchados), se trató del latín, del ut, de la J del nombre del santo, de gestos tal vez no tan admirables y magníficos, del canto, del silencio, de lo que ya ha sido liberado y de lo que suena laxe, espacioso, suelto.
(mira es el opuesto de parva)
10 de julio de 2010
La guitarra
A los siete años, como a tantos niños y niñas durante los 70, me mandaron a estudiar guitarra.
Me compraron un grueso cuaderno pentagramado, un libro de teoría de la música, otro de solfeo, un libro de guitarra para principiantes, y por supuesto, una guitarra.
El libro de teoría empezaba con la respuesta a la pregunta ¿qué es la música?: Música es el arte de combinar los sonidos, y seguía así, con respuestas a preguntas que jamás me hubiera planteado, pero que tenía que estudiar de memoria, en orden, de una clase para la otra. En el libro de solfeo había que leer, también en voz alta, recitando a distintas velocidades y ritmos, los nombres de las más variadas combinaciones de notas musicales. Y con el otro libro tenía que practicar -ahí sí, guitarra en mano - notas, escalas, acordes, arpegios.
Me aburría. A veces no estudiaba. Los días que tenía guitarra los vivía como los días más desagradables de la semana. Yo lo que más quería era quedarme en casa leyendo. Algunas veces protestaba un poco. Pero se me hizo ver que si uno empezaba algo, tenía que seguirlo con constancia, y terminarlo.
Nunca logré aprenderme nada de memoria, salvo la vidalita, solamente una vez toqué en público, formando parte de un numeroso grupo, y la mayor parte de las veces prefería hacer cualquier otra cosa antes que tocar la guitarra.
Sin embargo, sentía una gran envidia de la alegría y la desenvoltura con la que muchas chicas, en el colegio al que yo iba, tocaban la guitarra "de oído". Yo también a veces llevaba mi guitarra y, como si estuviera descendiendo a algún tipo de vulgar bajeza, tocaba siguiendo a las que se sabían bien los tonos y los ritmos de los rasguidos.
De todos modos, aunque tocaba muy mal, gracias a la constancia, fui aprobando los exámenes uno por uno.
Por eso, cuando llegué a cuarto año (tenia por ese entonces 11 años), el profesor indicó que ya era hora de que yo tuviera una guitarra buena, acorde al nivel al que estaba por pasar. La guitarra nueva fue encargada expresamente a un luthier, vino en un estuche tipo sarcófago, y costó - a juzgar por las infinitas recomendaciones que la acompañaron- bastante cara.
Dos años más, aún, me retuvieron la constancia, y la responsabilidad de justificar ese gasto hecho por mí, me nolente.
No recuerdo el día que anuncié en mi casa: "dejo, no quiero ir mas a guitarra".
Sí me acuerdo que fui a hablar con el profesor y le dije que iba a dejar por el momento; que más adelante iba a retomar y terminar; que quería estudiar italiano y las dos cosas por el momento no iba a poder.
Aunque en algunas tardes de melancolía la he agarrado y he canturreado con ella alguna melodía rasgando sobre el precioso encordado los cuatro o cinco únicos tonos que me acuerdo, la guitarra nueva quedó guardada, en su sarcófago azul oscuro durante 30 años, en la casa de mis padres, hasta ayer a la noche, que la traje, y estuvimos cantando con ella zambas, chacareras, boleros y canciones anarquistas.
Al profesor, cada vez que lo encuentro (y él se ríe también porque es un divino) le digo: "attenti, profesor, eccoliqua, que en cualquier momento empiezo de nuevo".
Me compraron un grueso cuaderno pentagramado, un libro de teoría de la música, otro de solfeo, un libro de guitarra para principiantes, y por supuesto, una guitarra.
El libro de teoría empezaba con la respuesta a la pregunta ¿qué es la música?: Música es el arte de combinar los sonidos, y seguía así, con respuestas a preguntas que jamás me hubiera planteado, pero que tenía que estudiar de memoria, en orden, de una clase para la otra. En el libro de solfeo había que leer, también en voz alta, recitando a distintas velocidades y ritmos, los nombres de las más variadas combinaciones de notas musicales. Y con el otro libro tenía que practicar -ahí sí, guitarra en mano - notas, escalas, acordes, arpegios.
Me aburría. A veces no estudiaba. Los días que tenía guitarra los vivía como los días más desagradables de la semana. Yo lo que más quería era quedarme en casa leyendo. Algunas veces protestaba un poco. Pero se me hizo ver que si uno empezaba algo, tenía que seguirlo con constancia, y terminarlo.
Nunca logré aprenderme nada de memoria, salvo la vidalita, solamente una vez toqué en público, formando parte de un numeroso grupo, y la mayor parte de las veces prefería hacer cualquier otra cosa antes que tocar la guitarra.
Sin embargo, sentía una gran envidia de la alegría y la desenvoltura con la que muchas chicas, en el colegio al que yo iba, tocaban la guitarra "de oído". Yo también a veces llevaba mi guitarra y, como si estuviera descendiendo a algún tipo de vulgar bajeza, tocaba siguiendo a las que se sabían bien los tonos y los ritmos de los rasguidos.
De todos modos, aunque tocaba muy mal, gracias a la constancia, fui aprobando los exámenes uno por uno.
Por eso, cuando llegué a cuarto año (tenia por ese entonces 11 años), el profesor indicó que ya era hora de que yo tuviera una guitarra buena, acorde al nivel al que estaba por pasar. La guitarra nueva fue encargada expresamente a un luthier, vino en un estuche tipo sarcófago, y costó - a juzgar por las infinitas recomendaciones que la acompañaron- bastante cara.
Dos años más, aún, me retuvieron la constancia, y la responsabilidad de justificar ese gasto hecho por mí, me nolente.
No recuerdo el día que anuncié en mi casa: "dejo, no quiero ir mas a guitarra".
Sí me acuerdo que fui a hablar con el profesor y le dije que iba a dejar por el momento; que más adelante iba a retomar y terminar; que quería estudiar italiano y las dos cosas por el momento no iba a poder.
Aunque en algunas tardes de melancolía la he agarrado y he canturreado con ella alguna melodía rasgando sobre el precioso encordado los cuatro o cinco únicos tonos que me acuerdo, la guitarra nueva quedó guardada, en su sarcófago azul oscuro durante 30 años, en la casa de mis padres, hasta ayer a la noche, que la traje, y estuvimos cantando con ella zambas, chacareras, boleros y canciones anarquistas.
Al profesor, cada vez que lo encuentro (y él se ríe también porque es un divino) le digo: "attenti, profesor, eccoliqua, que en cualquier momento empiezo de nuevo".
Convite con pan casero y tiramisú
Hubo convite anoche con panes caseros (hechos por Nico Seitz, que así va ganando su derecho de piso!), empanadas, vino tinto y tiramisú.
Y hubo guitarra también y cantamos todos, Nicolás, Esteban, Anita, Natalia, Marcelo, Nico y yo.
Nina hizo sus aportes también.
Así amaneció la mesa, hoy (salvo el tiramisu, que lo saqué de la heladera apposta para la foto).
El tiramisu lo pude hacer con mascarpone mascarpone, pero por alguna razón la crema me quedó un poco más chirla de lo deseable. Las vainillas son empalagosamente dulces, en demasía. Pero bueno, eso es lo quedó, nadie se quejó, así que la próxima probamos de nuevo.
28 de junio de 2010
Día del padre
Nadie hablaba; el comedor estaba en calma y todo habría parecido absolutamente estático si no se hubiera visto en el pasillo la sombra de la silueta de Betty ir y venir por la cocina. Se oía solamente la respiración mortecina y lenta de Conce, los suspiros profundos de Anita y el ronroneo continuo y medido de Emilio que contaba del veinte al ochenta y cinco, se detenía de pronto en su cuenta, y volvía a empezar.
Llegué hasta donde él estaba, sentado sobre un almohadon de corderito, cruzado su cuerpo de lazos y cintas para que no se caiga, y me quedé mirando su pelo, sus ojos morenos como los míos y sus manos duras, ya, y entumecidas.Le empecé a decir que hace unos días una persona a quien yo no conocía, me había hablado de él, de cuando eran jóvenes e iban juntos a la misma escuela y de lo mucho que se apreciaban, y de lo que conversaban, ellos, cuando se encontraban en la puerta de casa. El siguió mirando hacia adelante, como si nada.
Sentada asi como estaba a su lado apoyé mi brazo sobre sus hombros, apoyé sobre su pecho mi frente, como para dormir, y ahi me quedé, acunándome, secretamente.
Llegué hasta donde él estaba, sentado sobre un almohadon de corderito, cruzado su cuerpo de lazos y cintas para que no se caiga, y me quedé mirando su pelo, sus ojos morenos como los míos y sus manos duras, ya, y entumecidas.Le empecé a decir que hace unos días una persona a quien yo no conocía, me había hablado de él, de cuando eran jóvenes e iban juntos a la misma escuela y de lo mucho que se apreciaban, y de lo que conversaban, ellos, cuando se encontraban en la puerta de casa. El siguió mirando hacia adelante, como si nada.
Sentada asi como estaba a su lado apoyé mi brazo sobre sus hombros, apoyé sobre su pecho mi frente, como para dormir, y ahi me quedé, acunándome, secretamente.
15 de junio de 2010
Tipografías 4 (y un texto sobre buzones)
Los buzones, de lejos, parecen todos iguales, pero no lo son.
En cada letra de cada una esas palabras -tan prescindibles para quien deposite una carta en ellos como para quien los emplee para algun otro uso (¿cuál?)-, tal vez sea posible advertir el laborioso y nada ligero trazo de un remoto herrero o modelista, ¿analfabeto?, ¿quién sabe? como una firma -anónima- en la que la singularidad de su caligrafía se marca en la precisión de un vértice, en el mayor o menor relieve, en una cierta distancia en la distribución de los caracteres.
No me he animado a tocar siquiera ninguno de esos buzones el día que saqué estas fotos, aunque no he dejado de preguntarme qué ángulo de apertura tendrían, si harían ruido y -lo más acuciante- hasta qué profundidad me sería posible introducir la mano, en una especie de espionaje táctil, entrando en una casa cuya puerta principal -por la razón que fuere- damos por descontado que no se nos va abrir. O en una especie de chapuzón a ciegas, deslizándola -la mano- en lo profundo de una oscuridad desconocida de la que -también podría ser- no puede, ya nunca más, salir de nuevo.
6 de junio de 2010
5 de junio de 2010
Pizza en Tomasito (Villa Mitre)
Pizza y cerveza en la pizzería Tomasito, la mejor pizza como las de antes.
Nico saca la foto.
Mux no vino por culpa de la angina.
Lucía recién en unos días vuelve de México
Marcelo arranca con un nuevo proyecto, justamente, ahí, en Villa Mitre, en Estación Rosario.
Y por eso brindamos todos (primero ahí y luego en Don Tomás, que Tomasito a las 11 cierra!!!).
Todos nos hacemos los cancheros felicitándolo pero ¡¡¡cómo lo vamos a extrañar...!!!
4 de junio de 2010
30 de mayo de 2010
Vannuccio Biringuccio - De Pirotechnia (1540)
Parece que este señor Vannuccio (1480-1539), de la ciudad de Siena escribió este libro, De Pirotechnia, no es solamente una furiosa diatriba contra los alquimistas que esperaban hacer brotar la vida de los metales, sino tamibén -y sobre todo- un precioso manual (probablemente el primero impreso) de fundición.
Desde cómo excavar una mina a cómo hacer los hornos, los crisoles y los moldes para la fundición, cómo fundir oro, plata, cobre, hierro, vidrio y cómo hacer balas de cañones, campanas y preciosas joyas, Vannucio se explaya a lo largo de 600 páginas, explicándo amorosa y apasionadamente cuáles son los procedimientos posibles, cuáles los que él prefiere, ilustrando con oportunos dibujos los diferentes temas.
Por eso, aunque el t'tulo de la obra está en latín, el libro está escrito enteramente en italiano. Ilustrados, los fundidores, sí, pero prácticos, cada cosa por su nombre: para los noyos, cenizas de esa que se usaba para lavar la ropa (cenere di bucato) finamente cernida, estopa, estiercol de asno o de potrillo (sterco d asino o cavallino), arena de río, o ladrillo molido (arena di fiume o matton pesto) o virutas de hierro; la base de las cajas (li culi delle boccie), todo el cuerpo hasta el cuello (li corpi per fino appresso al collo) y así:
(¿Habrá sido una cuestión también fundir los tipos para imprimir libros como este, cuidando que los tipos de las letras se parezcan lo más posible a la letra manuscrita?)
Me interesa este tema porque hace unos días estuve conversando con un señor, que fue modelista y fundidor en Talleres Bahía Blanca
La referencia al libro de Vannuccio Biringuccio la encontré en el libro de R. Sennet, El artesano, Anagrama, 2009, p 265. El libro completo lo descargué de aquí.
29 de mayo de 2010
Sandro Penna - Poemas
a un año de su muerte.
Bajo un cielo
todo azul¿qué espero?
¿qúé anhelo?
Está todo en paz
aunque hay un velo
de tristeza
que no quiero.
Ya no está esa gracia fulminante
sino el soplo de algo que vendrá.
El mar está completamente azul
El mar está completamente calmo
En mi corazón hay casi un grito
de alegría. Y todo está completamente calmo.
En la noche profunda
se consumen las estrellas.
Un dolor me inunda:
un amor de cosas bellas.
Besame en la boca, último verano
decime que no te irás tan lejos,
regresa con el amor sobre tus hombros
y tu peso ya no será vano.
...
¿no es tal vez el amor un nudo estrecho
entre la angustia y el goce?
Estos poemas de Sandro Penna, están tomados del volumen Poesie, Garzanti, 2000, p 394, 414, 12, 276, 316 y 370. La traducción es mia.
28 de mayo de 2010
Tipografías 1
Siempre paso delante de ese negocio de video, en calle 9 de Julio, a la vuelta de mi casa.
Nunca antes había visto ese nombre en la fachada: "Taller de fundición y tornería de V. Luccerini".
Me llamó la atención la forma de las letras.
¿Será art decó?
¿Habran sido de otros colores, las letras?
¿Tendrá algo que ver el apellido del señor Luccerini con el resplandor de los hornos y el brillo de las chispas de su taller?
Justo al día siguiente de haber tomado esta foto, un hombre -modelista- me dijo que en una época hacía modelos para una empresa que los hacía fundir en lo de un "tal Luccerini".
25 de mayo de 2010
Convite con torta de chocolate
Vino Marina a casa y comimos tarta de puerros, espinacas frescas con queso y aceite de olivo, pollo en pepitoria y una torta de chocolate espectacular, con decorado festivo y todo.
La receta de la torta viene del blog de Artemisia. Es así:
Enmantecar y enharinar la tartera.
Poner en el mixer: 100 gr de chocolate, 130 gr de manteca, 200gr de azucar, 3 yemas de huevo, 30gr de maicena, 30 gr de cacao, dos cucharaditas de café molido, hasta que se forma una crema homogenea.
Batir a punto de nieve las claras y mezclar todo.
Colocar la masa en la tartera y cocinar en el horno, ya caliente, media hora.
Espolvorear con azucar impalpable.
26 de mayo. Esto fue parte fundamental del convite y no podíamos dejar de mencionarlo:
La receta de la torta viene del blog de Artemisia. Es así:
Enmantecar y enharinar la tartera.
Poner en el mixer: 100 gr de chocolate, 130 gr de manteca, 200gr de azucar, 3 yemas de huevo, 30gr de maicena, 30 gr de cacao, dos cucharaditas de café molido, hasta que se forma una crema homogenea.
Batir a punto de nieve las claras y mezclar todo.
Colocar la masa en la tartera y cocinar en el horno, ya caliente, media hora.
Espolvorear con azucar impalpable.
26 de mayo. Esto fue parte fundamental del convite y no podíamos dejar de mencionarlo:
23 de mayo de 2010
Watership Down
Cuando tenía 10 años, en 1976, me regalaron este libro.
Me gustaba no solamente porque podía impresionar a los mayores y espantar a mis amigas leyendo libros de 414 páginas, y porque soñaba -inmediatamente después de haber escrito en un par de hojas de cuaderno alguna historia o alguna descripción "inspirada"- que el volumen de mis escritos iría creciendo junto a mí, con los años y que por lo tanto cuando fuera grande yo también, naturalmente, iba a llegar a ser una de esos "grandes novelistas".
Me gustaba también porque es una terrible historia épica cuyas escenas más escalofriantes y dramáticas suceden bajo tierra, en las madrigueras de los conejos, o en aparentemente apacibles praderas, casi deshabitadas; los conejos y su drama, sus decisiones, sus partida y las vicisitudes que atraviesan hasta que llegan hasta donde quieren llegar son casi invisibles a los hombres pero condicionadas absolutamnte por ellos; y porque aquello que parecía insignificante, silencioso, sin gracia podía ocultar peripecias y transformaciones increíbles.
En una parte de esta historia, el grupo de fugitivos se acerca peligrosamente a una granja, y encuentra refugio en las madrigueras de unos conejos gordos, lustrosos, que comen jugosas zanahorias y hortalizas varias que encuentran "casualmente" bien cerca de sus cuevas, pero que no saben correr ni saltar, ni buscarse por sí solos el alimento, que desconocen o callan el pasado de su comunidad y de los conejos, y que tienen absolutamente prohibido responder a la pregunta "¿Dónde está ........?".
Muchas veces, luego, volví a recordar esto.
Anoche volví recordarlo cuando Luis nos sugería a qué empresa pedirle plata para publicar el próximo libro del museo.
La tapa es del libro de Richard Adams, La colina de Watership, Emecé, Bs. As, 1975, traducido por Patricio Canto. Watership Down fue publicado en Londres, en 1972. El año pasado Seix Barral publicó una nueva traducción.
20 de mayo de 2010
Hoy el tio Abramo hubiera cumplido 97 años.
Vivio una vida larga, feliz y próspera acá.
Pero si le preguntabas por su vida, su única vida, la que le gustaba contarte, había sido allá, hasta los 16 años.
Vivir un día, y recordarlo luego durante cien años, dice Meursault, el Extranjero.
Quién sabe si el seguir viviendo a pleno sus 16 años hasta los 85 no lo salvó de volverse viejo.
Quién sabe si no es por eso que se podía hablar con él.
A Ponte Arche
ci sta 'na bela mora
tutte le sere
la resta fora con gli arditi
a far l'amor
En Ponte Arche hay una linda morocha, que todas las noches se queda afuera con los más cancheros haciendo el amor.
Vivio una vida larga, feliz y próspera acá.
Pero si le preguntabas por su vida, su única vida, la que le gustaba contarte, había sido allá, hasta los 16 años.
Vivir un día, y recordarlo luego durante cien años, dice Meursault, el Extranjero.
Quién sabe si el seguir viviendo a pleno sus 16 años hasta los 85 no lo salvó de volverse viejo.
Quién sabe si no es por eso que se podía hablar con él.
A Ponte Arche
ci sta 'na bela mora
tutte le sere
la resta fora con gli arditi
a far l'amor
En Ponte Arche hay una linda morocha, que todas las noches se queda afuera con los más cancheros haciendo el amor.
9 de mayo de 2010
Bife Londres (con huevo frito, morrones y papas rejilla)
Hace unos días fui a entrevistar a un hombre que, antes de ser herrero en Talleres Bahía Blanca, fue -entre otras cosas- cocinero en El Caballito Blanco, La Española y en el Londres, donde inventó este plato, a fines de la década del 60.
El Bife Londres, me dice: chuleta a la plancha (que salga jugo marrón terroso, no rojo), huevo frito en abundante aceite, copo de morrones "al natural", y guarnición de papas rejilla.
Pruebo a hacerlo, y sale bien, aunque las chuletas de la cooperativa son quizás demasiado finitas, ni loca como morrones enlatados así que los preparo asados sobre la planchuela, y creo que es la primera vez en muchos años que logro que me salga entero un huevo frito "frito en abudante aceite".
Las papas rejilla las corto con un mandolín comprado por mi padre que rescaté hace un rato del fondo profundo de un cajón lleno de cosas que no se usan desde hace mucho, mucho tiempo.
Nunca, que yo recuerde, se hicieron papas rejilla en casa.
Mandolín: uno de esos tantos "cositos" que hay en esos cajones de la cocina, que nadie usa con demasiada frecuencia, de una utilidad o practicidad más bien dudosas, y que -desde ya- nadie tira.
Una "caccavella", según la genia Artemisia Comina.
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