15 de abril de 2009

Bacanica

Hace cien años el señor Septimo Pasqua, italiano, llegó a Galván. El oficinista de la empresa ferroviaria BAP (probablmente un secretario inglés o argentino) le preguntó de dónde venía y anotó lo que escuchó: Bacanica.



Cuando Septimio Pasqua dijo "Paganica", con una p muy suave, y una g cerrada al fondo del paladar, como suelen pronunciar los italianos esas letras, el amanuense escuchó (y escribió sin cuestionarse mucho) Bacanica.

Justo ayer estuve leyendo un artículo sobre la ecolalia y sobre ese momento, maravilloso, anterior a la adquisición de la lengua materna, en el que un niño eventualmente podría articular todos los sonidos de todas las lenguas.

Luego todo eso se olvida.

(En estos días se oyó hablar de Pagánica porque es que en ese lugar se produjo el terremoto hace una semana)

2 comentarios:

Eva dijo...

Leí ese artículo, me gustó mucho también lo que dice acerca de los sonidos en vías de extinción que permanecen porque los necesita la poesía. En una escuela tengo una alumna japonesa y tengo que escribir todo en el pizarrón, porque si dicto alguna consigna hay riesgo de que escriba cosas como "bacanica", y a ella no le gusta nada...

Ana Miravalles dijo...

eso de los sonidos que se pierden en la lengua pero que perduran en la poesia no sé si será así exactamente, quizás todo el sistema de articulación de una lengua cambie con el paso del tiempo, se transforme, no sé... pero es una posibilidad maravillosa
bueno, saludos para alumna japonesa