1 de abril de 2013

Arte cisoria: reflexiones metapoéticas

Acabo de preparar un espectacular ragú especiado, 56 sorrentinos y 14 barchette dei fiori.

En esto consiste mi arte cisoria: en el tiempo lento de escuchar, de mirar, de amasar, de disponer amorosamente cada cosa donde va. A veces pareciera que todo está en inmóvil y en silencio. O que estoy muy ocupada en otras cosas. No me pidan cortes espectaculares, ni gestos sangrientos, ni mucho menos, roscas, de ninguna índole.

En esta arte, la clave principal para que todo salga bien, es no tener apuro. Y concentrarse.
Hubo ya quienes saborearon los manjares dispuestos, discretamente. Otros no lograron apreciar su suave aroma y ni repararon siquiera en su presencia. Y hubo también quienes, aún teniéndolos delante, hicieron como que no existían, ignorándolos.

No importa. Cuando el perfume en el ambiente se vuelve irresistible, después de varias horas de preparación y de fuego lento, muy muy lento, nada puede impedir ese profundo e intenso goce.

El plato que desecharon los gourmets va a llegar a convertirse en el plato central.






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