en la playa del Purgatorio Dante se encuentra con su amigo Casella y después de saludarlo afectuosamente, le pide que cante. Cuando Casella empieza a cantar, todos los que estaban ahí preparándose para iniciar la fatigosa subida se detienen a escucharlo, extasiados.
Se hubieran quedado ahí si no venía Catón a decirles que se apuren.

Son cuatro o cinco los que están, internados como él, ahí, alrededor de la mesa. Mi padre ni siquiera los identifica, ni recuerda sus nombres, ni los de las enfermeras que lo atienden. Pero cuando Silvia Alonso le dice algo en voz baja al oído, él canturrea:
Cuando la suerte qu' es grela
fayando y fayando
te largue parao
cuando no tengas ni fe
ni yerba de ayer
secándose al sol.
(El episodio al que me refiero está en Purgatorio, II, 76-123. La imagen fue tomada de este sitio)